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La noche no es una pista

La noche no es una pista Ilustración: Martirena.

Son las doce de la noche y, de pronto, estalla un rugido que rasga el aire. No es un trueno; se trata de otra moto sin silenciador que pasa volando, seguida de dos o tres más. Lanza un ruido como un cuchillo que corta una y otra vez la tranquilidad de toda la cuadra.

Cuando cae la noche la ciudad debería bajar el ritmo, pero en muchas calles esto ya no es un incidente aislado, sino casi un rito nocturno. El problema empeora cuando varios conductores se reúnen para competir en velocidad, acelerar, hacer maniobras peligrosas o convertir la vía pública en una especie de circuito de carreras. Este evento pasó de ser solo una molestia a convertirse en un problema de convivencia, seguridad vial y salud pública.

La Ley No. 109 del Código de Seguridad Vial ofrece una base clara para enfrentar estas conductas. Su artículo 182 prohíbe la circulación de vehículos de motor cuando carezcan del tubo de escape con su correspondiente dispositivo silenciador o cuando este se encuentre en mal estado. También el artículo 192 impide usar sirenas, silbatos u otros aparatos que produzcan ruidos intensos o estridentes, salvo las excepciones previstas para vehículos con prioridad. Es decir, el ruido excesivo generado por una motocicleta no debe verse como una moda, sino como una infracción y una alteración del orden social.

Además de la Ley 109, esta situación tiene una dimensión ambiental. La Ley 150 de 2022, de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente, reconoce la contaminación sonora como una forma de degradación que perjudica la salud y la calidad de vida. La Norma Cubana NC 26:2012 establece límites de ruido para áreas residenciales: 55 decibeles durante el día y 45 durante la noche. Una motocicleta sin silenciador puede producir entre 90 y 110 decibeles, niveles por encima de lo permitido en un entorno urbano, especialmente en horario nocturno.

Las consecuencias no terminan en una noche sin dormir. La exposición reiterada al ruido puede provocar alteraciones del sueño, estrés, cansancio e irritabilidad. Para un paciente convaleciente, un anciano o un niño pequeño el paso repetido de motos sin silenciador no es un asunto menor.

El ruido nunca es únicamente una cuestión de “sonido”, sino una incógnita sobre quién tiene derecho a decidir si toda una cuadra duerme o no. Cuando pasa una moto sin silenciador no solo rompe el silencio, sino también ese hilo frágil de convivencia que sostiene a cualquier barrio.

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