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Abel Aluart, hijo y mártir de Sancti Spíritus

Abel Aluart, hijo y mártir de Sancti Spíritus La calle antiguamente conocida como Remate, ahora lleva el nombre Abel Aluart.

El 12 de septiembre de 1958, durante el último año de la sangrienta tiranía de Fulgencio Batista, fue brutalmente torturado y asesinado el joven revolucionario Abel Aluart Oropesa, uno de los muchos espirituanos víctimas de esbirros que intentaban socavar las ansias de libertad de todo el pueblo.

Cerca de la media noche, cuando transitaba por la calle San Cristóbal, hoy Frank País, en la cabecera provincial, fue detenido por la policía, debido a sus actividades clandestinas contra la tiranía, y trasladado al Matadero Municipal para torturarlo y asesinarlo, como si de un animal se tratara.

Tras este acto de barbarie desmesurada, arrojaron su cuerpo al río Tuinucú, desde el puente con el.mismo nombre, en la Carretera Central rumbo a Jatibonico, en un intento de borrar toda huella del crimen. Apareció tres días después completamente desfigurado.

La Guardia Rural y la Policía Municipal trasladaron los restos a Sancti Spíritus y los enterraron en una fosa común con la etiqueta de “desconocido”. Siete meses después, sus familiares lograron identificarlo gracias a la ayuda de la odontóloga que había realizado trabajos en su dentadura.

Ese detalle forense deshizo el anonimato impuesto por sus verdugos; Abel Aluart está en la larga lista de víctimas de la tiranía batistiana y ahora su nombre e historia nunca serán borrados.

Nació el 23 de junio de 1925 en Jatibonico, pero se trasladó a Sancti Spíritus con un año de edad y desde entonces la ciudad lo acogió como hijo. Tras cursar hasta el sexto grado en una escuela pública, se dedicó a la mecánica, oficio que pronto puso al servicio de la Patria.

Su valentía inquebrantable lo llevó lo llevó a subir al Escambray en distintas ocasiones para reparar armas a los rebeldes y vincularse estrechamente con los círculos revolucionarios de la región. Esta actividad lo convirtió en un objetivo prioritario para el ejército batistiano, por lo que fue perseguido y torturado en múltiples ocasiones, pero siempre absuelto por falta de pruebas.

Sin embargo, la impunidad judicial no liberó a Abel de la saña recrudecida de los esbirros. Más de seis décadas después, la ciudad del Yayabo aún honra su memoria, porque la Patria no olvida y sus hijos, tampoco.

(Por Leriadne Rodríguez González)

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