Feria del Libro confirmó que todavía hay sed de literatura
El suceso cultural trastocó las rutinas del área del parque Serafín Sánchez Valdivia, de la urbe del Yayabo. Foto: Escambray.
Entre tantas urgencias de este país casi asfixiado, realizar una feria del libro solo es posible porque aún esta nación tiene al ser humano en el epicentro de su accionar.
Incluso en tiempos en que se buscan todo tipo de alternativas para aligerar las pesadas cargas del diarismo, las personas no solo pasaron por los anaqueles, sino que indagaron por textos y autores, compraron. Cuestionaron la escasez de títulos y ejemplares. Añoran cuando eran una semana. Mientras que ese espíritu se mantenga en el imaginario colectivo, habrá que darlo todo y volver una y otra vez al mayor suceso cultural.
Lo demostró este 2026 cuando muchos daban por seguro su no realización. Llegó la noticia y se vivió en esta tierra. Y solo fue posible gracias a los muchos esfuerzos, porque como bien afirmó el escritor santiaguero Oscar Cruz, esta 34 edición es más hija de la voluntad que de las circunstancias. Lo experimentó en carne propia el comité organizador del capítulo espirituano de la cita.
Diseñó un programa abarcador, ambicioso, retador. Durante dos días y al unísono. Prácticamente, las principales instituciones del sector cultural de la URB del Yayabo fueron testigos de diferentes acciones, paneles, presentaciones de textos, lectura, inauguración de exposiciones, derroche de teatro, danza y música.
Cada público pudo elegir a dónde ir según sus gustos y prioridades, mas volvió a confirmarse que se mantiene como talón de Aquiles la no asistencia de muchas personas a los espacios. Lamentablemente se perdieron propuestas como la de Dador Teatro llegado desde Trinidad, los espectáculos de las unidades artísticas infantiles o la conferencia sobre la presencia del rock aquí, una historia no contada.
Son algunas de las opciones que en las últimas horas rompieron la quietud de la urbe del Yayabo, disiparon además los escuálidos stamps y lograron que se sintieran los aires de una fiesta mucho más que literaria.
Que cada año haya menos libros no sorprende.
El desorbitante precio del papel en el mercado internacional, los largos periodos de apagones, la obsolescencia de las tecnologías son algunas de las causas por las que por largos periodos de tiempo los colchones editoriales no disminuyen.
La versión digital de los textos ha contribuido a aliviar las largas esperas por publicar de investigadores y escritores. palpar, sentir el olor a tinta. Y aunque sí, casi fue una feria de libros sin títulos. Se logró tener aquí novedades editoriales que pueden convertirse en textos de cabecera como Central Patria de Ronel González, Incursión Histórica en el Español de Cuba de Pedro de Jesús López, Esteban, No lo Sabía de Yolanda Felicita Rodríguez y El Niño Aquel de Senel Paz.
Otras fortalezas y que deberán permanecer para el resto de la historia de la cita editorial son los pagos mediante las plataformas digitales la Feria de Intercambios, espacio mensual en la sede del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y la fusión de la literatura con otras manifestaciones artísticas.
Cuando la pintura se hizo poemas de Yudith Vidal Faife y Catarsis, de Lázaro Bonachea, Gerardo Reina y Daniel González, exposiciones colgadas en la Galería Oscar Fernández Morera y Casa del Teatro respectivamente, convidan a realizar lecturas de profundo lirismo.
Similar magia robó el ambiente de la clausura de los invitados de la feria. Se deleitaron con poemas de Manuel González Busto, a quien se honró junto a Jorge Silveiro, musicalizados por A su Tiempo. Lástima que el encuentro no se abrió a otros públicos potenciales.
Como toda obra humana perfectible, vivió Sancti Spíritus la Feria Internacional del Libro 2026 en su área histórica y de mejor confluencia, el Parque Serafín Sánchez Valdivia.
Entre sus muchos saldos positivos, confirmó que todavía hay sed de literatura. Por tanto, corresponde mientras perdure que las voluntades se aferren a cuanto ardit funcione en el contexto. Y mucho más cuando en tiempos agobiantes. Se precisa más que un plato de comida y agua para sobrevivir.
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