La Voz de Yaguajay llegó a sus 26
Una mirada atrás, 26 años después, desempolva recuerdos, añoranzas, alegrías y tristezas. El sueño de la radio en Yaguajay se hizo realidad aquel domingo 16 de julio del 2000. Para entonces, un grupo de profesionales asumieron el reto de transmitir una programación de cinco horas diarias.
A la vuelta de más de un cuarto de siglo, parecería una locura cuando miras la vieja máquina de cintas que aún permanece en la cabina y comparas hoy con un cable de fibra óptica por el cual accede a internet en ocasiones. Ella habla de una transformación digital que desde la pericia de operadores de sonidos convertidos en pulpo llevó al aire una señal analógica que aún marca el recuerdo de un nacimiento imperfecto, con corazones vibrantes y, sobre todo, atrevidos.
Las estrecheces de espacio no fueron óbice para poner empeño en cada realización radial que con el tiempo fue sentando los cimientos de experiencia, crecimiento profesional y sobre todo sentido de pertenencia que pasada la primera década ampliaron el espacio de La Voz de Yaguajay, una emisora que viaja con el siglo y se consolidó dentro del sistema radial espirituano como un referente.
De aquellas viejas máquinas de cinta donde se transcribían grabaciones a la era de internet ha llovido mucho, unas veces para bien, otras no tanto. El viaje ha sido, más bien, es azaroso. Hasta nuestros días, los años marcaron alegría y la presencia de personas que enriquecieron la radio. Algunos partieron físicamente y perduran en el recuerdo. Otros se mantienen junto al micrófono gestando la noticia, construyendo el sonido o guiando cada programa. Y nos faltan aquellos que jubilados siguen aportando a nuestra emisora.
La Voz de Yaguajay ha sido y es un proceso de construcción colectiva centrado en la audiencia, esa misma que nos vio nacer y nos escuchó en todo el territorio y que hoy puede apenas acceder a nuestras transmisiones. La Voz de Yaguajay ha sido y es caballo de batalla en cada evento. Ni siquiera los vientos huracanados de Irma pudieron apagar la vitalidad de la radio. Una radio que por demás ha luchado contra viento y marea unas veces con incomprensiones, otras con obstáculos y las menos, con sonrisas entre dientes de mediadores externos incapaces de comprender el mensaje o la crítica. Por suerte muchos de ellos ya no están y la radio y sus realizadores siguen aquí.
De capítulos tristes también está lleno el camino, pero la alegría y entrega, el cariño de la audiencia nacen cada día como el sol, para brillar ante la oscuridad. 26 años después, marcan una mayoría de edad llena de retos en un contexto donde las transmisiones son posibles precisamente gracias a ese sol que nos alumbra y nos quema y donde, por mínima que pueda aparecer la audiencia cuando escucha en cualquier calle de Yaguajay en medio de un apagón un radio encendido, entonces comprende que vale la pena.
Ante tanta oscuridad se impone la porfía de la radio en su deber de informar, recrear, instruir y hasta aliviar la tensión que impone la hornilla de carbón en los hogares. 26 años después del reto de la radio, valió la pena.
La crudeza de estos tiempos aún no ha matado el empeño ni el sentido de pertenencia, mucho menos las ganas de seguir junto a usted, por difíciles que sean los tiempos. Permítanme, entonces, felicitarlo por estar juntos en cada una de nuestras transmisiones, que son posibles gracias a un colectivo al que abrazo con todo el agradecimiento del mundo.
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