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Dos héroes de todos los tiempos

Dos héroes de todos los tiempos

Cada 14 de junio la nación cubana amanece con una doble celebración que parece dictada por el destino. En 1845 venía al mundo en Santiago de Cuba Antonio Maceo Grajales, el Titán de Bronce; 83 años después, en 1928, nacía en Rosario, Argentina, Ernesto Guevara de la Serna, el Guerrillero Heroico. Una misma fecha une a estos dos gigantes que, desde épocas y geografías distintas, compartieron una brújula moral idéntica: el amor incondicional por Cuba y la voluntad inquebrantable de defender su derecho a ser libre.

Antonio Maceo se forjó en la manigua como uno de los más brillantes estrategas militares del siglo XIX. Mulato, hijo de una familia humilde, se incorporó a la Guerra de los Diez Años con apenas 23 años y ascendió a Mayor General del Ejército Libertador. Su nombre quedó sellado con fuego en la Protesta de Baraguá, aquel gesto de dignidad absoluta con el que rechazó una paz sin independencia y sin abolición de la esclavitud. Más tarde, durante la Guerra del 95, lideró la invasión de Oriente a Occidente, demostrando que la audacia y la disciplina mambisa podían quebrar las líneas enemigas. El 7 de diciembre de 1896 cayó en combate en San Pedro, fiel a su máxima: “Quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”.

Ernesto Guevara, el Che, llegó a la Revolución por caminos igualmente rotundos. Médico de formación, recorrió América Latina y pronto entendió que solo la lucha armada rompería las cadenas de la dependencia. Se integró a la expedición del yate Granma, se convirtió en Comandante del Ejército Rebelde y resultó decisivo en la batalla de Santa Clara. Tras el triunfo de 1959, asumió tareas de construcción del socialismo con la misma intensidad, impulsando la industrialización y el trabajo voluntario, mientras esculpía su concepto del “hombre nuevo”. Pero su vocación internacionalista lo llevó al Congo y luego a Bolivia, donde fue capturado y vilmente asesinado el 9 de octubre de 1967. Allí dejó sembrada una frase eterna: “Hasta la victoria, siempre”.

Más allá de la coincidencia cronológica, entre Maceo y el Che existen paralelismos que trascienden la anécdota. Ambos hicieron de la intransigencia antimperialista un principio no negociable. Maceo soñó con una Confederación de las Antillas que cerrara el paso al expansionismo; el Che denunció en la tribuna de Naciones Unidas el carácter depredador del imperialismo contra los pueblos del Sur. Ambos entendieron que la soberanía se conquista, no se mendiga.

Los dos fueron hombres de pensamiento y acción. Maceo, en sus cartas íntimas y proclamas, revelaba una sensibilidad cultural poco común en el fragor de la guerra; el Che dejó una vasta obra que incluye El socialismo y el hombre en Cuba, diarios de campaña y reflexiones de profundo humanismo. Cada uno exhibió un desprecio absoluto por el peligro: el Titán de Bronce acumulaba más de 20 cicatrices en el cuerpo; el Guerrillero Heroico, asmático incurable, jamás pidió un privilegio y compartió las mismas privaciones que sus hombres. Fidel Castro, al despedir a Guevara en 1967, trazó el vínculo exacto: “Si Maceo viviera, sería como el Che; si el Che hubiera vivido en el 95, habría sido un titán en la manigua”.

Otro hilo común fue la muerte por la causa lejos de los suyos. Ambos cayeron en tierra de combate; sus cuerpos fueron ocultados por el enemigo y luego rescatados por el pueblo que los venera. Hoy descansan en mausoleos que son altares de la patria: Maceo en el Cacahual, el Che en Santa Clara. Ambos reciben el homenaje perpetuo de flores, banderas y niños que repiten sus nombres como un rezo laico.

La coincidencia del 14 de junio no es un capricho del calendario, sino un recordatorio aleccionador. Maceo y el Che, el cubano de pura cepa y el argentino que hizo de Cuba su patria grande, probaron que la entrega sin límites puede derribar imperios. Para la Cuba de hoy, amenazada por renovadas formas de asedio, su legado es guía y certeza: la soberanía se blinda cada día con unidad, con resistencia creativa y con la convicción de que “ser como Maceo y el Che” no es consigna, sino la columna vertebral de la nación.

Fuentes: Escambray, Radio Sancti Spíritus, Granma

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