Jacintón González y la epopeya del Cerro Pelado
El nombre de Jacinto Rafael González Peralta puede pasar medio desapercibido, pero si usted dice Jacintón González, entonces todos o casi todos por este terruño sabrán que se trata del destacado baloncestista espirituano.
Nacido un 11 de septiembre de 1941, Jacintón se convirtió, por la década del 60, en el mejor jugador de baloncesto de la tierra del Yayabo, al vestir las franelas de los equipos Cuba en diferentes certámenes internacionales.
Su historia está ligada a un hecho histórico y trascendental para el deporte yayabero y cubano, al formar parte de la Delegación de la Dignidad, como la catalogó el Comandante en Jefe Fidel Castro, y que sobre el buque Cerro Pelado escribió una de las páginas más antológicas del deporte cubano, en los X Juegos Centroamericanos y del Caribe en San Juan, Puerto Rico, 1966.
A esa historia y a su vida deportiva nos acerca.
«Bueno, en esa época la delegación cubana no se sabía exactamente si iba a participar o no. Había dificultades con la visa, pero siempre José Llanusa, por entonces presidente del Inder, nos dijo que Cuba sí iba a asistir a los Juegos.
«Se acercaban los días, y no nos acababan de decir cuándo salíamos, hasta q nos dijeron: ‘Mañana la delegación parte para Puerto Rico’, y por la madrugada salimos, pero no salimos para Puerto Rico; cuando fuimos y cogimos el avión, aterrizamos y dormimos esa noche en Camagüey.
«Nos dijeron que había problemas con la visa, que había que salir al otro día hasta que se acabara de completar el visado, y al día siguiente volvimos a hacer lo mismo: cogimos el avión en Camagüey destino a Puerto Rico y nos tiramos en Santiago de Cuba. Allí almorzamos y ya por la tarde nos dijeron que nos íbamos en el barco Cerro Pelado.
«Armando Acosta nos entregó la bandera y salimos. Bueno, de entrada, cuando llegamos, nos dijeron que bajáramos para los camarotes y comimos, pero no podíamos subir a bordo hasta el otro día. Cuando amaneció, ya habían avionetas volando por encima del barco, avionetas americanas. Entonces, con el audio nos decían que no siguiéramos, que el barco no podía entrar; tiraban proclamas y escritos para que desertáramos.
«La delegación siguió practicando encima del barco: corríamos, hacíamos algún ejercicio, y eran muchos equipos en la proa del barco entrenando. Era difícil, y así estuvimos hasta que llegamos frente a Puerto Rico. Quedamos como a cinco o seis millas. Ahí hay un malecón parecido al de La Habana, en San Juan. Había mucho público esperando por Cuba; ya ese era el día de la inauguración de los Juegos.
«Nos propusieron bajar para un barco americano; no queríamos. Entonces vino una patana del movimiento de izquierda puertorriqueño, y ahí fue donde bajamos. Hubo problemas para bajar, porque la patana era una embarcación que estaba casi pegada al mar, y el barco Cerro Pelado, aunque pusiera la escalerilla, quedaba casi a dos metros de la patana, y había mucho oleaje. Entonces, a la hora de bajar, había que pararse en la punta de la escalerilla, una gente aguantándote, dos o tres personas abajo; cuando subía la patana y bajaba el barco, en ese momento te tiraban, y así bajaron.
«En la inauguración de los Juegos no desfilamos todos, solo la dirección: Llanusa, Figueroa, Miguelina; bajó el boxeo, bajó la pelota y bajó el baloncesto. Yo estuve en la inauguración. El resto se quedó a ver qué pasaba. Ahí llegamos al puerto, un pueblo esperando a la delegación cubana con incertidumbre. Unos nos decían cosas bonitas, otros nos decían cosas malísimas, pero llegamos, desfilamos, muy bonita la inauguración, y de ahí ya para la competencia».
La Delegación de la Dignidad de 1966, que intervino en los décimos Juegos Centroamericanos y del Caribe en San Juan, Puerto Rico, no solo vivió momentos difíciles tras volar aviones norteamericanos por encima del barco que trasladaban a la delegación de 315 deportistas cubanos, sino que esos aviones lanzaban proclamas en busca de la deserción.
Ya en la sede puertorriqueña, y jugando un partido muy importante frente a Puerto Rico, enemigos de la Revolución cubana, entre ellos varios apátridas, trataron de mancillar la bandera cubana.
Jacintón González evoca esas vivencias
«Bueno, hubo un momento bien difícil, que fue cuando estábamos discutiendo con Puerto Rico la medalla de oro. Si nosotros le ganábamos, cogíamos el oro; si perdíamos, cogíamos bronce, porque quedaba por arriba de nosotros México. Entonces, cuando estaba el juego bien parejo, en ese momento unos apátridas quisieron bajar la bandera cubana.
«Se subieron en el asta para bajar la enseña nacional. Llevaban una bandera soviética, porque decían que Cuba no era Cuba, sino que estaba bajo el mando de los soviéticos. Ese fue un momento difícil, bien desagradable. Bajamos al hombre. Hubo un altercado y tuvimos un poco de suerte, porque realmente el equipo puertorriqueño se portó muy bien con nosotros.
«La selección puertorriqueña vino de su banco, estuvo al lado de nosotros, y me parece que eso evitó peores consecuencias. De ahí en adelante, el equipo cubano se desestabilizó un poco en el juego y perdimos.
«El primer triunfo fue ir y competir en los Centroamericanos y regresar, como dijo Fidel: ‘Fueron, compitieron y regresaron’. La gente compitió bien. La presión, y cuando el público gritaba en contra, a uno le daba más deseo de estar allí. En segundo lugar, la intransigencia de Cuba de decir: ‘Sí, vamos a participar y vamos a competir contra todas las banderas’, y enfrentamos todos los obstáculos, y vencimos como delegación», manifestó finalmente el baloncestista espirituano Jacinto Rafael González Peralta, integrante de la histórica Delegación de la Dignidad, y que escribió para los anales de la historia la epopeya del Cerro Pelado.
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