El privilegio que le concedió Raúl Castro a un reportero espirituano
Tributo a Camilo Cienfuegos en Yaguajay. Foto: Oscar Alfonso.
«Él tuvo en sus manos, las manos de este guajiro…nunca imaginé que Raúl me iba a abrazar a mí..¿quién diablos soy yo para eso?”
Cristóbal Álamo Pérez lo recuerda y se ruboriza como aquel instante en que tuvo delante a Raúl Castro Ruz. Yo creo que para un revolucionario cubano saludar y que te salude un hombre como Raúl es algo que se marca para toda la vida”.

Es una marca mayúscula la que lleva el periodista espirituano a quien las rutinas de un oficio que supera ya los 48 años de ejercicio, le permitieron compartir de cerca con Raúl Castro Ruz, historia viva de la Revolución Cubana.
Por las exigencias de la profesión, Cristóbal guarda en el mejor de los cofres las tantas coberturas que hizo de las tribunas abiertas que tuvieron lugar en Sancti Spíritus por el regreso del niño Elián González y que estuvieron presididas por Raúl Castro. De ellas recuerda de forma muy particular la realizada en Trinidad.
“Porque nos ubicamos en un lugar donde él tenía que pasar cerca de nosotros.Y cuando regresaba, ya se terminaba la tribuna, Yolanda Brito, periodista de la agencia Prensa Latina en ese momento, le dijo: un saludo de la prensa.» Y él partió para donde nosotros estábamos y abrazó a las mujeres y nos dio la mano a todos los periodistas que estábamos ahí”.
Y cuenta las sensaciones que experimentó cuando le dio la mano a Raúl: Vi a al joven aquel que había desfilado con la bandera cuando la generación del centenario, o sea, cuando el 28 de de enero de 1953, era el joven que vi con un pulover cuando lo cogieron preso y creyéndose que Fidel había muerto, se hizo responsable del asalto al MoncadaEse fue Raúl de esa mano, de ese instante, pero un instante que fueron horas.”
Para quien ya guardaba en su memoria las dos veces que le había dado la mano a Fidel, sentir de cerca un abrazo de Raúl le produjo un singular estremecimiento.
“Estábamos en la recepción de la sede del Partido Comunista de Cuba, éramos cinco personas, además de los compañeros de aseguramiento. Nos habían dicho Raúl no iba a pasar por la recepción, sino que entraría por el fondo. pero Raúl es Raúl y parece que cambió y entró por la puerta principal. Entonces Jorge Valdes que era el primer secretario del Partido en la provincia, nos presentó a todos y Raúl nos da la mano. Esa fue la primera vez que Raúl me dio la mano”
Te voy a contar una historia que nunca la he contado. Cuando Raúl me da la mano, todavía lo recuerdo. Me hala hacia él, me toma así por la cintura y me pega a él. Oiga…yo estaba pegado con la historia de Cuba. Venía con él Leopoldo Cintra Frías que era jefe del Ejército Occidental, Joaquín Quinta Solas, que era jefe del Ejército Central, estaba Valdés, primer secretario del Partido en Sancti Spiritus. Y Raúl, en forma de jarana, le dice a Polo (Leopoldo): Ahí van a hablar de millones de quintales de viandas, pero este flaco no come. Imagínate yo estaba más flaco que ahora. Imagínate tú. Mira, yo lo que quería era un fotógrafo para quedarme con aquella foto, pero bueno, no estaba el fotógrafo. Te repito, estaba abrazado a la historia de Cuba, un muchachito de Fomento, el hijo de un carpintero y una campesina”
Y cuenta que unas horas después, en el contexto de un recorrido de Raúl por el centro de carga y descarga de Sancti Spiritus: Raúl me volvió a dar la mano, me tiró el brazo por arriba y me dijo: dice Valdés, que tú comes mucho.» Y ahí sí le dije: «Sí, sí, yo como bastante.» Me di cuenta después que él vino a mí pensando que tal vez yo me haya quedado molesto porque me dijeran, flaco, pero hay privilegios que no se merecen, pero el poder estar cerca de una personalidad como Raúl, sí lo considero uno de los privilegios más grandes de mi vida”.
Una de las coberturas que realizó Cristóbal Álamo Pérez en ocasión de un Consejo Militar en Trinidad, le permitió conocer más de cerca una de las facetas del hombre que por encima de grados militares, dimensión histórica y referente simbólico, se desdobla como un ser sensible cercano.
“Cuando nos íbamos en la misma cerca, había una señora de edad, una anciana, Raúl le partió para arriba. Ella le dijo, «Raúl, yo tengo que hablar contigo. Mira, para hervir en las caderas del infierno, como decía mi abuelo, cuando uno se hace una idea incorrecta todos los que estamos ahí, dijimos: eso es una casa, eso es un problema que ella le va a plantear a Raúl. Y era un problema.. Ella le dijo algo de vieja a Raúl porque él le dijo: Dime, vieja, ¿qué le tienes que decir a este viejo general?» Y entonces ella le dijo, «Mira, Raúl, mi esposo fue combatiente de la lucha contra bandidos y no le han dado la medalla de la lucha contra bandidos.» Y Raúl se viró para el general Quinta y le dijo: atiende eso.» El domingo siguiente que era día de la defensa, Quinta vino y le puso la medalla al combatiente que estaba enfermo».
Y trae de vuelta otra anécdota: «Él se queda conversando con el primer secretario con Valdés. Todos los que venían en el mismo ómnibus que él, se montaron, pero él se queda en la puerta del ómnibus conversando con Valdés y cuando ya todos pensamos que ya él se iba a montar, da la vuelta y viene a donde está el chofer, un mayor de grado y mayor de edad, ya maduro. Le dijo el nombre y le preguntó, «Fulano, ¿ya tú almorzaste?» Él le dijo, «Sí, general, sí, ya yo almorcé.» ¿Dónde?, le insiste. No, me trajeron el almuerzo aquí”. “Entonces, si tú almorzaste, nos podemos ir, le dijo Raúl».
En ocasión de conmemorarse uno de los aniversarios del Frente Norte de las Villas, Raúl Castro Ruz llega hasta la comunidad de Juan Francisco en Yaguajay y allí dialoga con Simanca, compañero de lucha de Camilo Cienfuegos en un reencuentro con la historia. “Simanca vivía en Juan Francisco, en el Juan Francisco de antes del triunfo de la Revolución, donde no había carretera y allí Camilo estableció ese campamento. Y Simanca era militante del Partido Socialista Popular y una de las personas que más se relacionan como colaborador con Camilo y ese día, como era la primera vez que había un acto del Frente Norte, Raul y varios militares de alto rango fueron a casa de Simanca como una forma de agradecimiento de la Revolución a ese campesino que tanto había hecho por la tropa rebelde”.

Tribuna antiimperialista en Sancti Spíritus. Fotos: Oscar Alfonso Sosa.
En momentos en que el gobierno estadounidense intenta manchar la leyenda que es Raúl, Cristóbal Álamo Pérez se suma a quienes consideran tan infundadas como injustas las acusaciones contra el líder al frente de la Revolución Cubana.
Me parece que Estados Unidos se equivocó en el momento que están haciendo esta maniobra. Y muchos cubanos, tal vez de decenas de miles, tienen alguna anécdota como esta que yo tengo y que saben bien quién es Raúl para ahora tratar de enjuiciarlo con 95 años, encausarlo por algo que se les está convirtiendo en un boomerang porque están apareciendo y se están recordando informaciones y hechos que demuestran que Cuba no quería que eso sucediera y que Cuba alertó para que eso no sucediera. (se refiere al incidente del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate). Creo incluso que esta maniobra, que es una maniobra vil, lo que ha servido es para que nosotros celebremos con más fuerza el cumpleaños 95 de Raúl.
Desde la primera vez que compartió con Raúl como parte de la delegación al IV Congreso del UPEC, entonces como cuadro del Partido al frente de la prensa, Cristóbal Álamo Pérez ha tenido el privilegio de estar cerca de él una docena de veces. A los 78 años lo cuenta con orgullo y la emoción se le desborda mientras desgrana las anécdotas.
“Yo me puedo morir mañana, pero yo tengo dentro de mí dos cosas que para mí son más que una medalla, los reconocimientos que a uno le puedan haber dado, pero haber estado cerquita así de Raúl y hoy verlo con 95 años como está y saber que en ese hombre serio, exigente, inclaudicable, invicto, hay un ser humano. Creo que la gente tiene que saber esas cosas, saber que se preocupó por la medalla de un combatiente, saber que se preocupó por el almuerzo del chofer. Eso vale más que un discurso y que una consigna».
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