Juanito, el tabaquero zaceño que conquista fumadores del mundo
«La calidad del torcido de Zaza del Medio no somos nosotros los que lo decimos». Y le sobra la razón a Juan Carmona Febles, Juanito, para quienes le conocen en en esa comunidad espirituana y en la familia tabacalera, incluso mundial. Con 40 años en el oficio de tabaquero en la fábrica José Antonio García Borroto de este poblado taguasquense, este hombre ha llevado el torcido zaceño y cubano, en general, a importantes plazas del planeta.
Pero ¿cómo ha logrado desentrañar las esencias del tabaco para llegar a tan encumbrados escenarios? «Lo primero es tener muy buenas manos. O sea, ser hábil y aprender. Oír a los más viejos, principalmente, y dedicarse a aprender. Y saber que no vas a terminar de aprender.
«Yo todos los días trato de que me quede mejor. Y siempre que el próximo que voy a hacer sea mejor que el anterior. Eso es una máxima.
«La capa no se decide en el departamento de capa, la capa se decide en la galera, donde está el torcedor. Si el torcedor no es bueno, no importa la calidad de la hoja. Mire, nosotros tenemos mejores hojas del mundo, eso es lo mejor que pudiéramos tener. Pero ¿qué pasa? Que un mal torcedor te puede llegar a perder el tabaco. Entonces, lo perdiste todo.
«Mira, yo tengo hoy capas ahí que realmente no están muy buenas. Pero ¿qué pasa? Que yo las estiré al máximo. Yo le hice la cabecita como hay que hacer. Y entonces una capa que me llegó aquí que no es tan buena, yo logro que se pueda vender porque le puse lo que había que ponerle.
«En lo que diferencia un tabaco del otro es la cantidad, el porciento de hojas que se le ponga de cada uno. Nosotros tenemos, mira, yo tengo aquí cuatro tipos de hojas y las proporciones que yo le ponga a cada uno de ellos es lo que determina qué tabaco es el que va a salir de ahí».

Fotos: Oscar Alfonso.
Cuando se habla de tabaquero de ley, Cuba mira hacia Juanito, ese hombre que ha ayudado a que el torcido nuestro sea un manojo de identidad nacional. «Primero estuve en España, después estuve en Marruecos, en el último viaje estuve en Bélgica, y bueno, estuve en Holanda y estuve en Luxemburgo.
«Para mí lo más importante fue poderme parar delante del cliente. Nosotros hacemos el tabaco aquí, lo hacemos y lo ponemos en la mesa y al final se lo llevan y alguien lo pondrá por colores en la cajita y alguien le pondrá. Pero entregárselo al hombre que lo compra al final, o sea al cliente, es lo mejor que le puede pasar a un torcedor. Y yo tuve esa experiencia. Hablaba con personas que no nos entendíamos el idioma y que lleguen y te hagan así y te digan: Esto sí, te llenó.

Todo el legado de una familia de artesanos, Juan Carmona Febles, Juanito para los zaceños y la familia tabacalera cubana y del mundo, lo tradujo en el arte de torcer tabaco, un mundo con el que ha acuñado su nombre y del que a los 63 años no sabe aún cómo podrá desprenderse. «Y yo creo que nunca me voy a despegar, aunque me vaya, aunque me retire de este sector, no me puedo safar. El problema es que esto es mi vida».
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