¿Aceptas pago por transferencia?
En medio del proceso de informatización de la sociedad cubana y de las facilidades que brinda la banca electrónica, un reclamo recurrente entre los espirituanos es la escasa aceptación del pago por transferencia en las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) y en los puntos de venta privados. Quienes sí lo admiten son la excepción y, en no pocos casos, rodean el servicio de restricciones que terminan ahuyentando a los clientes.
“Casi ningún negocio privado acepta transferencia —explica Yadira Pérez, ama de casa y usuaria habitual de la banca digital—. Cuando preguntas, te dicen que solo efectivo o, a lo sumo, que les deposites en un número de cuenta, pero con la condición de esperar a que ellos verifiquen el saldo para entregarte el producto. Con lo malas que están las conexiones, eso puede tardar horas o no llegar nunca”.
La situación contrasta con los lineamientos impulsados por el Banco Central de Cuba para promover el uso de canales electrónicos, reducir la circulación de efectivo y formalizar las transacciones. En Sancti Spíritus, la mayoría de los pequeños comercios y servicios privados —desde cafeterías y bodeguitas de barrio, hasta talleres y tiendas de ropa— operan todavía con una lógica de pago inmediato en efectivo o, en el mejor de los casos, mediante el llamado “QR de la casa”, es decir, un código personal de transferencia, pero con trabas como montos mínimos elevados o demoras en la entrega de productos.
De acuerdo con un sondeo realizado por este medio, menos del 10por ciento de las mipymes y cuentapropistas en la ciudad admiten la transferencia como método de pago habitual y ágil. Entre quienes lo hacen, abundan las quejas de los consumidores: “Solo si compras más de 1000 pesos”, “la transferencia es solo para determinados productos, no para todos los que quieras”, son frases comunes.
Los especialistas consultados señalan que detrás de esta resistencia confluyen varios factores. Por un lado, el hábito arraigado del efectivo, la desconfianza en la inmediatez de la operación electrónica y el temor a enfrentar inconvenientes técnicos. Por otro, la evasión fiscal o la preferencia por mantener una parte de las ventas al margen de los registros bancarios, lo que contradice el espíritu del ordenamiento legal que rige al sector no estatal.
“La transferencia es trazable y eso da seguridad al consumidor, pero también implica declarar cada peso que ingresa —comenta un economista—. Para muchos privados, la informalidad sigue siendo un anzuelo, y eso frena la adopción de medios de pago electrónicos”.
Ante esta realidad, voces de la población exigen mayor control por parte de las autoridades y campañas educativas que muestren las ventajas de las transferencias tanto para comerciantes como para clientes. Asimismo, se reclama que la banca perfeccione su infraestructura y reduzca los tiempos de confirmación de las operaciones entre distintos bancos.
Mientras tanto, en Sancti Spíritus, pagar con transferencia sigue siendo un privilegio de pocos negocios y la mayoría de los consumidores deben cargar efectivo o regresar a casa sin el producto o servicio que necesita. Un desafío que el territorio —y el país en general— deberá resolver si aspira a consolidar una economía cada vez más digitalizada y transparente.
Fuentes:Periódico Escambray, Radio Sancti Spíritus, Redes sociales
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