Museo Provincial de Sancti Spíritus, guardián de tesoros únicos
Con la elegancia y limpieza propias de los tesoros resguardados en vitrinas familiares, se protege parte de las esencias de Sancti Spiritus.
Basta dar un primer paso más allá del portón de madera de la casona azul con dos inmensos ventanales en su fachada que mira al Parque Serafín Sánchez Valdivia para tropezar de frente con el binomio pasado-presente erguido ante el paso del tiempo. “Es una casa que es una tacita de oro. Define Oneida Delgado a la edificación que desde el 2000 cobija el Museo Provincial General de Sancti Spiritus, pero con vida desde 1981.
No exagera, en sus actuales ocho salas de puertas abiertas a los públicos están los fragmentos más preciados de nuestra historia. Justo ofrece la bienvenida el símbolo del Espíritu Santo, objeto único en el país y de un valor imposible de calcular porque carga entre sus alas con la fuerza del nombre que porta esta tierra bendecida por Bartolomé de las Casas.
Similar sucede con el cañón que en una esquina no se recuerda que son tres. De ahí el apodo de los trillizos. Otro idéntico está en el Museo Municipal de Trinidad y el tercero se desconoce su paradero. Desde arriba, como vigilante certero, descansa el escudo de la ciudad. Su lema, mi lealtad crisolada, confirma que en Santi Spiritus jamás se tuvieron los brazos cruzados ante quienes intentaron desde fuera imponer estilos y dogmas. Lo confirma otro tesoro, la réplica del machete del mayor general Serafín Sánchez Valdivia. Más que su instrumento de batalla, un verdadero resguardo en días de combate. Tiene una belleza incalculable.
Cuando usted se para en el parque, la casa le da ese colorido que tiene y entonces es el gusto de las personas que pasan, del visitante que llega, de todas las personas que circulan por nuestra ciudad, que siempre, ¡ay, qué bella, qué bella, qué bella! Llega a sus 45 años con achaques que no marchitan su elegancia. Una alfarda fracturada en la sala de arqueología ha obligado a desmontar todos sus exponentes. Los hallazgos de Pueblo Viejo y del propio Parque Serafín Sánchez Valdivia que tanto revuelo provocaron.
Pero en el resto de la casona están las entregas y compromisos de sus conservadores, quienes, paño y pinceles en manos, realizan sistemáticas acciones de prevención. De esa forma, se mantiene el Museo Provincial General de Sancti Spiritus como sitio de obligada visita, no solo para estudiantes, sino para quienes, seducidos por su belleza, apuestan por romper rutinas y hallar muchos de los tesoros de nuestro patrimonio.
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