Electrificación de casas aisladas en Sancti Spíritus: Cuando encendí la luz, lloré (+ Fotos, Audio y Video)
Ana María Palmero Santana se encuentra entre las beneficiadas con los módulos donados por China para viviendas aisladas en Cuba. Foto: Yosdany Morejón.
Hay casas que no se miden por el tamaño del portal ni por la cantidad de habitaciones, sino por el peso de la espera. La de Ana María Palmero Santana fue, durante siete años, una de esas viviendas donde la noche caía con una disciplina casi de castigo: cocinar con leña, la sombra pegada a las paredes, las velas como única concesión al descanso y el cuerpo aprendiendo a convivir con la penumbra como quien memoriza un idioma ajeno.
Entonces llegó el módulo fotovoltaico de 2 kilowatts —parte del donativo de la República Popular China para viviendas aisladas— y algo más que electricidad se instaló en el umbral: felicidad. En Sancti Spíritus, ese programa forma parte de la estrategia nacional de 5 000 sistemas fotovoltaicos de esa potencia y, en la provincia, ya se había desplegado una primera vuelta de 71 viviendas beneficiadas.
Ana María vive donde el tendido quedó atrás. No por capricho del paisaje, sino por una distancia que hacía imposible la conexión convencional y convertía la espera en rutina. Su casa, unos 80 metros apartada del cable secundario más cercano, quedaba fuera del alcance de la solución habitual.

Iluminación, ventilación y conservación de alimentos, están entre las principales ventajas de estos módulos solares. Foto: Yosdany Morejón.
“Estaba viviendo aquí sin corriente, muy triste, cocinando con leña”, dice Ana María y en su voz cabe una biografía entera de privaciones pequeñas que, cuando se repiten durante años, terminan por parecer destino. Pero no lo eran porque hace pocos días vio llegar auna brigada de la Empresa Eléctrica Sancti Spíritus (EESS) que abrió los huecos, limpió el solar y terminó de preparar la instalación.
Entonces ella lloró. Lloró cuando los vio entrar, lloró cuando se fueron y lloró otra vez cuando la luz de la casa encendió por primera vez.
Ana María no habla de vatios. Habla de televisor, de olla arrocera, de ventiladores, de un refrigerador que pronto arreglará para beber agua fría, de sentarse sin miedo cuando cae la tarde; y lo dice con una sencillez que desarma al periodista.
MILDREY Y FÉLIX YA TIENEN ELECTRICIDAD

Mildrey Armas Echemendía y Félix Osdany Cardoso Mutis también fueron beneficiados con estos módulos de 2 kW. Foto: Yosdany Morejón.
A unos kilómetros de esa otra historia de paciencia, Mildrey Armas Echemendía y Félix Osdany Cardoso Mutis guardaban una esperanza que parecía postergada por el tiempo. Viven en la finca El Algarrobo desde hace cuatro años y, como tantas familias en zonas rurales aisladas, sabían que la vida puede organizarse durante mucho tiempo alrededor de lo que falta.
Por eso, cuando les dijeron que llegarían los módulos, la noticia sonó primero como algo bueno pero distante. Pero llegó. Y con ella vino una iluminación más amplia, una de esas que no se reducen a la bombilla encendida, sino que se expanden hacia el descanso, la comida, el niño, la noche, el calor de mayo y el cansancio de quien trabaja el campo.
“Me sentí muy feliz”, dice Mildrey. Y no hace falta forzar más el sentimiento. En su casa, los paneles solares le devolvieron al hogar un ventilador que ya puede girar toda la noche, un televisor que hace feliz al niño y, sobre todo, la posibilidad de renunciar a la leña como forma de cocción.
Ella habla de refrigerar alimentos, de mantener fresca la merienda del pequeño, de tener agua fría al regreso del trabajo, de resolver poco a poco lo que el campo no perdona.

Los sistemas están diseñados para ofrecer un suministro básico, seguro y confiable. Foto: Yosdany Morejón.
Félix, por su parte, mira el cambio desde la experiencia de cuatro años sin posibilidad real de conexión al Sistema Eléctrico Nacional. Él lo explica con naturalidad: los transformadores quedan demasiado lejos, la oportunidad no estaba. Y cuando finalmente llegó, la sintió como una forma de reconocimiento. “Estamos muy agradecidos con la EESS y con todos los que hicieron este sueño posible”, comenta.
EL TRABAJO DETRÁS DE LA LUZ

En Sancti Spíritus se desplegó una primera vuelta de 71 viviendas beneficiadas con estos módulos. Foto: Yosdany Morejón.
Ninguna casa se ilumina sola. Detrás de cada interruptor que hoy se acciona con naturalidad hay una cadena de decisiones, jornadas extendidas y una voluntad colectiva que no admite treguas. En Sancti Spíritus, la Empresa Eléctrica convirtió el cronograma en desafío: no esperar los plazos, sino adelantarse a ellos.
“Comenzamos el montaje el 17 de abril y la fecha prevista para su culminación era el 15 de mayo, pero nos propusimos terminar el 30 de abrily lo logramos”, asegura Reinier Hernández García, director de Inversiones de la EESS. La cifra no es menor: 71 módulos fotovoltaicos de 2 kilowatts instalados en menos de un mes, distribuidos en todos los municipios, con el apoyo de brigadas propias y la contratación de fuerzas adicionales del territorio.
Pero la velocidad, en este caso, no sacrificó la complejidad del proceso. Antes de que la luz llegue, hay que abrirle camino. “Son huecos de 1,50 metros de profundidad por 50 centímetros de ancho para anclar las bases de los paneles. No es un trabajo sencillo. Hay personas que han estado dos o tres días solo en esa preparación”, explica Reinier. En esos huecos —abiertos a golpe de esfuerzo— también se siembra la posibilidad de una vida distinta.

El módulo incluye 5 lámparas LED para las viviendas aisladas. Foto: Yosdany Morejón.
Cada módulo instalado resume una solución técnica pensada para lo esencial: cuatro paneles solares, batería, inversor integrado, cinco lámparas LED, tomacorrientes, interruptores, cables y regletas. Lo suficiente para encender una casa, ventilar la noche, conservar alimentos y, sobre todo, devolverle funcionalidad al hogar.
Pero más allá de la ingeniería, está la reacción humana. Y ahí, el ingeniero también se detiene. “Cuando encendemos por primera vez las luces muchas personas han llorado. Esa es la realidad. Han roto a llorar con nosotros”, confiesa. No lo presenta como anécdota, sino como evidencia. En cada vivienda, la escena se repite con matices distintos: la sorpresa, el silencio breve, el interruptor, la luz… y luego el llanto.
Reinier ha recorrido comunidades, fincas, caminos difíciles. Ha visto de cerca cómo el programa se convierte en alivio tangible: “La mayoría de estas familias tienen niños. Ver cómo disfrutan la televisión, la iluminación, un ventilador… es lo más gratificante”. Su valoración no es técnica; es humana. Y ahí radica la verdadera medida del impacto.
El programa no termina en esta primera vuelta. Según explica, existe un censo inicial de más de 600 viviendas aisladas en la provincia, del cual ya se han actualizado más de 200. “Ese censo hay que rectificarlo constantemente, porque las personas se mudan, surgen nuevas viviendas,pero el compromiso es claro: llevar solución a todos los casos que realmente lo necesiten”, explica.
Detrás de cada cifra hay una casa. Detrás de cada casa, una historia. Y detrás de cada historia, un tiempo de espera que ahora empieza a cerrarse.
UN DONATIVO QUE CAMBIA VIDAS

El donativo de la República Popular China ya beneficia a 71 viviendas aisladas de Sancti Spíritus. Foto: Yosdany Morejón.
Este donativo no es un dato secundario. Marca el inicio de una respuesta concreta para hogares que quedaron fuera del alcance de la red eléctrica.
Los sistemas están diseñados para ofrecer un suministro básico, seguro y confiable: iluminación, ventilación, conservación de alimentos. Pero su impacto va más allá de lo técnico.
Ana María ya no corre antes de que anochezca. Mildrey ya no se resigna al calor inmóvil. Félix ya no mira el campo con la misma distancia. Los niños tienen ahora un espacio frente al televisor. La noche deja de ser límite.Y ahí radica, quizá, el mayor valor de este programa: no en llevar corriente, sino en devolver posibilidades. Porque en estas casas, la luz no solo llegó: se quedó.
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