Síncopa de tierra adentro: el jazz que germina en Sancti Spíritus
A contracorriente de los grandes centros urbanos, la provincia de Sancti Spíritus ha tejido una historia singular con el jazz. Lejos del bullicio de la capital, este género —nacido de la libertad expresiva y el blues— encontró en la cuarta villa cubana un espacio de asimilación silenciosa y profunda, donde la improvisación se funde con la memoria del danzón y el son.
El desarrollo del jazz en Sancti Spíritus no responde a una fundación oficial ni a una fecha precisa, sino a un proceso de filtración lenta que comenzó a mediados del siglo XX. Fue la radio, primero, y luego los discos de pasta los que llevaron a Duke Ellington y Count Basie a los hogares espirituanos. Músicos empíricos comenzaron a imitar aquellos fraseos, adaptándolos a los instrumentos disponibles: trompetas de bandas municipales, pianos desafinados de salones de baile, contrabajos construidos con cajones de madera.
Según testimonios recogidos por el musicólogo Rogelio Martínez en su estudio inédito Presencias del jazz en el centro sur cubano, la primera agrupación que asumió el jazz como repertorio estable fue la Orquesta Espirituana, dirigida por el pianista Eliseo “Lilo” Pérez en la década de 1950. Aquella orquesta combinaba estándares de Glenn Miller con guarachas, un mestizaje que entonces parecía herejía y hoy se reconoce como semilla del latin jazz en la región.
Pero el verdadero despegue del jazz como práctica formativa ocurrió en las postrimerías del siglo XX. La creación de la Escuela Provincial de Música José White, en la vecina ciudad de Cienfuegos, extendió su influencia a Sancti Spíritus, al formar instrumentistas con método académico. No pocos graduados regresaron a sus territorios y fundaron talleres libres donde enseñaban que el jazz no es un código extranjero, sino la capacidad de dialogar mientras se respeta una estructura armónica.
Hoy, Sancti Spíritus cuenta con escenarios que, de vez en vez, son tomados por el jazz: el Teatro Principal, la Casa de la Trova, la de las Producciones Musicales… Sin embargo, la escena sigue siendo frágil.
A diferencia del son o la rumba, el jazz no goza de arraigo popular masivo; su audiencia se concentra en intelectuales, estudiantes de música y un reducido grupo de iniciados. La ausencia de una política sistemática de promoción ha provocado que muchos talentos emigren hacia La Habana o el extranjero.
El jazz en Sancti Spíritus es, en esencia, una declaración de principios: la convicción de que la improvisación no es caos, sino el más alto orden de la disciplina artística. Y que el ritmo, como el río Yayabo que atraviesa la ciudad, encuentra siempre un cauce, aunque la piedra intente detenerlo. Mientras haya jóvenes dispuestos a enfrentar un cambio de acordes sin red, la síncopa seguirá viva en esta tierra de soneros y danzoneros.
Fuentes: Periódico Escambray, Radio Sancti Spíritus, La Jiribilla
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