Procesan por sabotaje a implicados en robo de aceite dieléctrico en Jatibonico
Tres hombres fueron detenidos tras sustraer aceite dieléctrico de los tres transformadores de la subestación del CAI Uruguay, en Jatibonico. Foto Yosdany Morejón.
A las 2:40 de la madrugada del 2 de abril, mientras en varias comunidades rurales del municipio espirituano de Jatibonico todavía se sufrían las secuelas de un prolongado apagón por un hecho similar, tres hombres extraían aceite dieléctrico de los transformadores de la subestación del Complejo Agroindustrial (CAI) Uruguay, en ese propio territorio.
Según las autoridades, los implicados lograron sustraer casi la totalidad del aceite de los tres equipos antes de ser sorprendidos por oficiales del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) y de la Policía Nacional Revolucionaria que actuaron tras una labor operativa secreta.
“Se conoció que tres individuos iban a sustraer aceite dieléctrico de un transformador perteneciente al CAIUruguay”, explicó el teniente Andy Carreño Rush, instructor penal de la Seguridad del Estado. “Los oficiales se presentaron en el lugar y sorprendieron infraganti a los presuntos autores de este hecho”.
De acuerdo con su relato, uno fue detenido en el lugar y dos lograron escapar momentáneamente, aunque fueron capturados con posterioridad en sus viviendas. En poder de uno de ellos fueron ocupados 120 litros de aceite dieléctrico.
Ese volumen que, en el mercado negro puede traducirse rápidamente en dinero, representa en términos energéticos una amenaza seria para la infraestructura eléctrica.
Hoy, dicho aceite permanece bajo custodia del Ministerio del Interior (Minint) en Sancti Spíritus, donde es sometido a peritajes físico-químicos.“Está bajo investigación para ver qué tipo de aceite se utilizaba en los transformadores y si era el mismo que estaban extrayendo estos individuos”, explica Carreño Rush.
Los tres hombres, cuyas edades oscilan entre 35 y 45 años, poseen antecedentes penales. Uno confesó su participación; los otros dos la niegan. Sin embargo, según la investigación, existen suficientes elementos de prueba para vincularlos con el hecho, acotó el oficial del Minint.
Actualmente son procesados por el delito de sabotaje.
LOS HOMBRES QUE ORDEÑABAN TRANSFORMADORES
El aceite dieléctrico, invisible para la mayoría de las personas, cumple una función vital dentro del equipo: actúa como aislante eléctrico y, a la vez, como refrigerante, disipando el calor que genera el funcionamiento continuo del transformador. Sin él, la unidad puede sufrir descargas internas, sobrecalentarse y, finalmente, quemarse.
“Realmente esas personas lo que han hecho es algo irremediable”, afirma Odeivy Valdez Alba, director técnico de la Empresa Eléctrica Sancti Spíritus (EESS), todavía con visible indignación al recordar lo sucedido. “Sustraer aceite a un transformador y poner indisponible una unidad que abastece a miles de personas no tiene nombre… o sí lo tiene: es algo inhumano”.
Valdez Alba explica que, de no haberse detectado a tiempo la sustracción, las consecuencias hubieran sido peores porque el aceite dieléctrico es parte del componente aislante del transformador y además es el elemento que refrigera. Si se pone en operación sin aceite, se quema y deja de prestar servicio, dice.
En este caso, la revisión oportuna evitó energizar ambas subestaciones (Pelú y CAI Uruguay) y los transformadores no sufrieron daños irreversibles. La Empresa Eléctrica Sancti Spíritus logró reponer el aceite en breve tiempo y restablecer el servicio, minimizando así el daño.
EL COSTO DE APAGAR UNA COMUNIDAD
La cuenta económica de este tipo de delito va mucho más allá del valor material del aceite sustraído. La Empresa Eléctrica debe movilizar brigadas, combustible, medios de transporte, equipos especializados y piezas de repuesto. A ello se suma la energía dejada de servir, el tiempo perdido y el costo potencial de sustituir transformadoressiniestrados.
Además, el mercado negro ha convertido el aceite dieléctrico en mercancía codiciada. Según reportes de la prensa nacional, un litro puede comercializarse por más de mil pesos cubanos. Ese incentivo económico explica la recurrencia de hechos similares en distintos territorios del país.
La comunidad de Jarahueca, en el municipio de Yaguajay, es otro ejemplo cercano. “Allí sustrajeron aceite a un transformador durante la más reciente caída del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). “Cuando se restableció el SEN, se quemó totalmente… más de 1 800 clientes se quedaron sin servicio”, recuerda el directivo de la EESS.
GOLPE A LA ELECTRICIDAD EN JATIBONICO
No se trata de un simple hurto. La legislación cubana califica hechos de esta naturaleza como sabotaje cuando se afecta deliberadamente el funcionamiento de instalaciones vinculadas a servicios esenciales.
El Código Penal establece fuertes sanciones para quien destruya, altere o perjudique instalaciones relacionadas con fuentes de energía. Si existen agravantes o consecuencias graves para la seguridad colectiva, las penas pueden ser mayores.
“Para nosotros fue muy importante evitar un mal mayor”, afirma Carreño Rush. “A partir de la situación del sistema eléctrico del país, dejar sin funcionamientoa un transformador de ese tipo ocasiona daños y molestias incalculables”.
DEFENDER LA LUZ
La corriente regresó a las viviendas dependientes de la subestación Pelú tras más de 24 horas de apagón y volvió a ponerse en marcha la rutina doméstica. También en el CAI Uruguay se evitó un daño mayor gracias a la actuación oportuna de las fuerzas del Ministerio del Interior y a la rápida respuesta de la Empresa Eléctrica Sancti Spíritus.
Sin embargo, el restablecimiento del servicio no significa que el peligro haya desaparecido. Al contrario: hechos como los ocurridos en Jatibonico confirman la necesidad de reforzar la protección de instalaciones que hoy resultan estratégicas para la vida económica y social del territorio.
En palabrasdel director técnico de la EESS, se trabaja de conjunto con el Minint en la implementación de nuevas medidas de seguridad para las subestaciones, entre ellas la colocación de medios técnicos capaces de detectar manipulaciones, la asignación de responsables directos para la vigilancia de esas instalaciones y la articulación de mecanismos de control que permitan actuar con mayor rapidez ante cualquier intento de sabotaje o robo.
Se trata de una respuesta que no solo busca enfrentar el delito después de consumado, sino anticiparse a él.
La experiencia reciente demuestra que la prevención es hoy tan importante como la capacidad de reacción. En un contexto marcado por carencias, cualquier afectación a la infraestructura eléctrica multiplica sus consecuencias.
Las consecuencias se traducen en alimentos que se deterioran por falta de refrigeración, en comunidades que quedan sin acceso estable al agua, en interrupciones de servicios básicos, en industrias que detienen su producción y en gastos adicionales para movilizar brigadas, recursos y equipos destinados a restablecer el servicio.
Por eso, más allá de la investigación penal y del procesamiento de los presuntos responsables, el caso deja una lección clara: proteger la infraestructura eléctrica es también proteger la estabilidad de la vida cotidiana y de la economía.
Aunque ambos hechos comparten la misma tipicidad delictiva, las autoridades investigan por separado cada caso y, hasta el momento, los tres detenidos solo están presuntamente vinculados al robo ocurrido en el CAI Uruguay.
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