Sembrar y trabajar, la mejor manera de hacer parir la tierra
Trabajo constante, una ecuación que sí da comida. Fotos: Oscar Alfonso Sosa.
A la vista cotidiana, el organopónico El Picante puede parecer uno más del sistema de la Agricultura Urbana en la ciudad de Sancti Spíritus.
Pero si esa mirada se cruza por ese escenario productivo día a día, la metamorfosis es palpable hasta para el más crítico de los miopes.
Y la razón está en que se constata, de manera peculiar, como sus más de 50 cámaras de cultivo están siempre sembradas, en diversas fases de los cultivos de vegetales y hortalizas.

Brazos jóvenes laboran en el organopónico.
Decirlo puede parecer fácil, pero lograrlo precisa de un trabajo constante y puntual, espantando limitaciones y escaseces que mortifican, pero a los brazos que allí laboran no frenan.
Allí términos como agricultura orgánica, con elaboración de compost, intercalamiento de cultivo y producción de semillas incluidos, es una constante.

La producción propia de semillas, una alternativa viable.
Porque a los problemas, dicen quienes allí laboran, se le ponen soluciones y justificaciones.
Y practican esa sabia filosofía de que, tierra vacía no da comida, una máxima que mucha falta hace se arraigue, para que la sostenibilidad alimentaria transite más cerca de la verdad.

Trabajo puntual y sistemático, fuente de los frutos de la tierra.

Cuando se siembra, siempre se cosecha.

El mejoramiento de suelos, una constante en el organopónico El Picante.

Intercalar cultivos reporta más alimentos.

Tierra vacía no da comida.

Sembrar y trabajar, la mejor manera de hacer parir la tierra.
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