Lisandra Gómez Guerra: Periodista mujer no se nace; se hace
Lisandra Gómez Guerra es una periodista espirituana que ha hecho de la palabra un instrumento de transformación social.
Graduada en Periodismo de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, ha trabajado en Radio Sancti Spíritus y en el periódico Escambray, donde publica textos de gran impacto. Doctora en Ciencias de la Comunicación y profesora universitaria, su trayectoria se distingue por la defensa de los derechos de las mujeres y la visibilización de sus realidades. Su voz, crítica y sensible, se ha convertido en referente dentro del periodismo cubano contemporáneo.
A su quehacer y pensamiento nos acercamos.
¿Cuántos años llevas en el periodismo?
“Me gradué en 2008 y desde entonces trabajo en Radio Sancti Spíritus. En 2016 comencé también a colaborar de manera sistemática con Escambray, pero mi casa sigue siendo la radio”.
¿Cuál es el primer recuerdo que te conectó con la idea de ser periodista?
“De niña jugaba a despedir los reportes como los periodistas de la televisión. Eso se me quedó grabado y en la adolescencia ya tenía claro que quería estudiar la carrera. Mientras mis amigos veían programas de entretenimiento, yo seguía el noticiero todas las noches”.
Tus padres, una bibliotecaria y un profesor de Historia, ¿influyeron en tu vocación?
“Más que en el periodismo, influyeron en mi pasión por las letras. Mi mamá me leía cuentos cada noche hasta que adquirí el hábito de la lectura. Mi papá me llevaba en bicicleta a las escuelas y lo veía dar clases, disfrutar del intercambio con sus alumnos. Esa atmósfera me convenció de que yo sería una mujer de letras, con o sin periodismo”.
¿Alguna mujer de tu entorno marcó la manera de mirar la realidad desde la perspectiva de género?
“Le debo mucho a Yanetsy Pino Reina, investigadora espirituana que dedicó años a estudiar género y comunicación. Llegué a esa temática casi por casualidad, enviada a un curso que pensé era de géneros periodísticos. Descubrí un universo distinto y me enamoré de él. Yanetsy me transmitió saberes y me inspiró. También me nutro de las mujeres que me rodean: amigas que, a pesar de problemas y angustias, se levantan cada día. Ellas son mi ejemplo de resiliencia”.
¿Has tenido que guardar alguna historia en silencio?
“No. He tenido debates con directivos y fuentes oficiales, pero nunca me han censurado un trabajo. Recuerdo que a Juan Antonio Borrego, a quien admiro profundamente, le propuse abordar el tema del feminicidio en Cuba. Me advirtió que debía hacerlo con rigor y fuentes diversas. Lo hice, aunque la covid retrasó la publicación. Finalmente, Escambray fue el primer medio público en Cuba que ofreció cifras oficiales sobre mujeres asesinadas por su condición. Ese reportaje fue un paso importante para visibilizar una realidad dolorosa”.
Has trabajado distintos temas, pero también te has especializado en cultura. ¿Qué lugares de Sancti Spíritus guardan un secreto que aún sueñas narrar?
“Muchos. Sancti Spíritus me desvela. Tengo un proyecto relacionado con esas voces menos visibles. Creo que el periodismo tiene la responsabilidad social de dar voz a quienes no suelen ser escuchados, porque en sus historias hay raíces y aprendizajes que pueden ayudarnos a entender y enfrentar los problemas actuales”.
¿Cómo te sientes cuando escuchas tu propia voz en un radiodocumental o en otros géneros periodísticos?
“No me gusta escucharme. Mi voz es muy fina y soy muy exigente conmigo misma. Prefiero pedir la opinión del equipo: realizadores, locutores, editores. Creo que el periodismo, sobre todo en radio y televisión, es un trabajo colectivo. Una gran idea no basta si no tienes detrás un equipo que la interprete y la enriquezca. Incluso en la prensa escrita, un buen editor es esencial”.
Defensora de los derechos de las mujeres, ¿cómo imaginas el futuro del periodismo hecho por féminas en Cuba?
“Hoy el periodismo tiene muchas deudas con la población. Las mujeres periodistas cargamos con un constructo social que nos impone responsabilidades adicionales: hijos, casa, adultos mayores, la presión de sostener matrimonios, de vestir bien, de aguantar discriminaciones. “Falta narrar esa carga porque, aunque existan políticas de país, en la realidad las diferencias y las expresiones de violencia persisten. El Código Penal aún no reconoce el feminicidio como delito, y eso es una deuda enorme. Mientras tanto, nos toca visibilizar, cuestionar y educar, empezando por nosotras mismas. Hoy el periodismo tiene muchas deudas con la población”.
Si tuvieras que resumir en una frase lo que significa ser mujer y periodista en Cuba, ¿cuál sería?
“Periodista mujer no se nace; se hace”.
Lisandra Gómez Guerra es una voz imprescindible en el periodismo espirituano y cubano. Su trayectoria demuestra que informar también es transformar, y que el periodismo puede ser un acto de resistencia y de ternura. En tiempos donde los derechos de las mujeres siguen enfrentando resistencias, su palabra se convierte en herramienta de empoderamiento y en recordatorio de que la igualdad aún es una meta por conquistar.
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