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Los “médicos” de los animales en Cuba

Los “médicos” de los animales en Cuba

En los campos y comunidades rurales de Cuba, donde la cotidianeidad transcurre entre patios familiares y fincas ganaderas, los médicos veterinarios desempeñan un papel esencial. Su labor, casi siempre silenciosa y poco reconocida, se convierte en sostén para la salud de los animales y, por ende, para la seguridad alimentaria y el bienestar de las familias campesinas.

El trabajo de los veterinarios rurales abarca, desde la atención a mascotas domésticas —perros, gatos y aves de corral—, hasta el cuidado de ganado mayor como vacas, caballos y cerdos. En los patios, los animales son parte de la familia y su salud repercute directamente en la vida diaria. En los hatos, el bienestar del ganado garantiza leche, carne y fuerza de trabajo, pilares de la economía campesina. Los veterinarios se convierten entonces en mediadores entre la tradición y la ciencia, al aplicar conocimientos técnicos en escenarios donde muchas veces prevalece la experiencia empírica.

Uno de los mayores retos que enfrentan estos profesionales es la falta de medicamentos, equipos y materiales básicos. Sin embargo, la creatividad y el ingenio se convierten en aliados. Con recursos limitados, los veterinarios improvisan soluciones, adaptan tratamientos y recurren a prácticas tradicionales que, combinadas con la ciencia moderna, permiten salvar animales y sostener la producción.

Además de atender animales, los veterinarios suelen acompañar a las familias en su día a día. Los campesinos confían en ellos como asesores, maestros y vecinos solidarios. En cada visita, además de curar, educan sobre la importancia de la prevención, la higiene y el cuidado responsable. Esa relación de confianza fortalece la cohesión comunitaria y asegura que el conocimiento se transmita de generación en generación.

La labor veterinaria tiene un impacto directo en la seguridad alimentaria del país. En un contexto en que la producción agropecuaria enfrenta desafíos, garantizar la salud del ganado es una prioridad estratégica.

Ejercer esta profesión en zonas rurales exige vocación y sacrificio. Los recorridos por caminos polvorientos, las jornadas largas bajo el sol y las emergencias nocturnas forman parte de su rutina. A pesar de las dificultades, la satisfacción de ver un animal recuperado y una familia agradecida compensa los esfuerzos. Para muchos, ser veterinario no es solo un oficio, sino un compromiso con la vida y con la comunidad.

Por ello, resulta imprescindible reconocer y valorar el trabajo de los médicos veterinarios rurales. Su aporte va más allá de la atención animal: es un servicio social que sostiene la economía campesina y fortalece la salud pública.

La entrega cotidiana de los veterinarios, marcada por la creatividad y el compromiso, constituye un pilar fundamental en la vida rural cubana. En cada patio y cada finca, su presencia asegura que la esperanza siga latiendo junto al mugido del ganado y el ladrido de las mascotas.

Fuentes: Periódico Granma, Cubadebate, Revista ACTAF

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