Un hogar materno con luz propia
La reciente instalación de un módulo fotovoltaico de 2 kilowatts en el Hogar Materno Isabel María de Valdivia, de Sancti Spíritus, mejora la calidad de vida de las gestantes. Fotos: Yosdany Morejón Ortega.
A veces la noche no llegaba con el descanso, sino con una pregunta sin respuesta: ¿hasta cuándo durará el apagón?
En el Hogar Materno Isabel María de Valdivia, en la ciudad de Sancti Spíritus, hubo un tiempo —demasiado cercano para llamarlo pasado— en que la oscuridad se colaba sin pedir permiso por los pasillos, las bombillas se apagaban de golpe y los ventiladores quedaban inmóviles en medio del calor.
Entonces, las embarazadas aprendían a reorganizar la noche. Algunas intentaban dormir a pesar del sudor; otras buscaban conversación para engañar las horas. Los teléfonos, descargados, dejaban de ser puente con la familia. Y en la cocina cada corte eléctrico era una carrera contra el tiempo para preservar alimentos.
No era solo la falta de corriente. Era la sensación de estar a oscuras en un lugar donde, por definición, debería primar la luz.
EL PUNTO DE GIRO: UNA PLACA SOBRE EL TECHO

La energía captada durante las horas de luz se almacena y permite sostener servicios básicos cuando llega el apagón.
El cambio comenzó sin estridencias, como suelen comenzar las soluciones verdaderas. Un módulo fotovoltaico de 2 kilowatts fue instalado, recientemente, en la institución, como parte de un programa provincial que prevé la colocación de cerca de 115 sistemas similares en centros vitales.
Desde entonces, el sol no solo calienta el día, sino que también garantiza la noche.
La energía captada durante las horas de luz se almacena y permite sostener servicios básicos cuando falla el sistema electroenergético. No es una cobertura total, pero sí suficiente para mantener encendidas las luces, alimentar ventiladores, conservar medicamentos y asegurar determinadas funciones médicas.
En un espacio donde cada detalle influye en la salud, esa diferencia resulta decisiva.
UNA MEJORÍA SUSTANCIAL

Las embarazadas se sienten más cómodas tras la instalación del módulo solar.
A Lady Laura Paz Meléndez, de 21 años, le cuesta hablar largo. Lleva cerca de un mes ingresada y, como muchas de sus compañeras, prefiere las frases cortas, directas, sin adornos. Pero en su manera de decir hay una claridad que no necesita retórica: “Ahora tenemos corriente y podemos dormir mejor”, resume.
Antes —cuenta a su modo—, cuando se iba la luz, todo quedaba oscuro” . La palabra “oscuro” vuelve como un eco que no necesita explicación.
Ahora, en cambio, menciona avances concretos: la televisión encendida, la posibilidad de alumbrarse mejor, la sensación de descanso. “Estamos más cómodas”, reafirma.
Y en ese plural —“estamos”— se reconoce una experiencia compartida.
LA UTILIDAD DE LO COTIDIANO
Rosalía Acevedo Cañizares no habla de grandes transformaciones. Habla de elementos simples, pero esenciales: “Podemos cargar los celulares cuando no hay corriente, ver la televisión para distraernos un poco…, antes no teníamos esa posibilidad”.
La escena es fácil de imaginar: un grupo de mujeres que, en medio de la espera, encuentra en un programa de televisión o en una llamada telefónica una forma de acortar distancias. “Ni siquiera podíamos cargar el teléfono”, recuerda.
Entre ellas, se ayudan. Comparten enchufes, organizan tiempos, construyen pequeñas rutinas alrededor de algo tan básico como la electricidad.
UN HOGAR QUE NO ES CASA, PERO DEBE PARECERLO

La instalación de 115 módulos fotovoltaicos de 2 kilowatts en centros vitales de la provincia busca garantizar un nivel mínimo de funcionamiento en lugares donde detenerse no es una opción.
Los hogares maternos en Cuba cumplen una función singular dentro del sistema de Salud. No son hospitales, pero tampoco simples residencias. Son espacios diseñados para acoger a embarazadas con factores de riesgo o con dificultades de acceso a servicios médicos especializados, y garantizarles seguimiento, alimentación, educación sanitaria y condiciones adecuadas durante semanas o meses.
Allí, la prevención es tan importante como el tratamiento.
Por eso, reproducir —en la medida de lo posible— las condiciones de un hogar no resultan un lujo, sino una necesidad. Dormir bien, alimentarse correctamente, mantener comunicación con la familia y sentirse en un entorno seguro incide directamente en la evolución del embarazo.
En ese contexto, la electricidad deja de ser un servicio para convertirse en un componente del cuidado.
LA MIRADA DESDE LA GESTIÓN
Alejandro Miguel Oscáragan Plasencia, jefe de turno en la institución, habla con entusiasmo contenido, como quien sabe que todavía quedan retos, pero reconoce el valor de lo alcanzado.
“Es una experiencia muy bonita”, dice, y repite la idea como para fijarla.
Explica que los paneles permiten ampliar capacidades: sostener el trabajo de ultrasonido, apoyar el laboratorio y facilitar la dinámica nocturna. “Lo importante es que ellas puedan sentirse como en su casa”.
No es un detalle menor en un lugar donde actualmente permanecen 10 gestantes ingresadas a tiempo completo, algunas con embarazos a término y otras con condiciones como la restricción del crecimiento intrauterino.
“El circuito aquí es muy afectado por los apagones —reconoce Alejandro Miguel—, y tener los paneles es una gran satisfacción”.
Habla también de la cocina, de la elaboración de alimentos, de la estabilidad que permite organizar mejor cada jornada. En su discurso, la palabra “ayuda” aparece varias veces, como si resumiera todo el impacto.
BENEFICIOS QUE TAMBIÉN SON EMOCIONALES

Para la psicóloga de la institución, Lizbeth Martínez Landa, el cambio tiene una dimensión que va más allá de lo técnico.
Para la psicóloga Lizbeth Martínez Landa, el cambio tiene una dimensión que va más allá de lo técnico. “La mayoría de estas embarazadas pasan mucho tiempo aquí, lejos de sus casas y no siempre pueden tener a la familia cerca por problemas de transporte”, explica.
En ese escenario, la posibilidad de cargar un celular o mantener una conversación telefónica no es un lujo: es un sostén emocional. “Ahora tienen mejores condiciones de vida,todo eso influye en su bienestar”.
También subraya el impacto en el personal de Salud: “Hay medicamentos que necesitan frío y ahora se pueden conservar correctamente”. Así, la energía solar no solo beneficia a las pacientes, sino a toda la dinámica institucional.
UNA ESTRATEGIA QUE SE EXTIENDE
Lo ocurrido en este hogar materno no es un hecho aislado. Forma parte de una estrategia provincial orientada a fortalecer la resiliencia de servicios esenciales ante la inestabilidad del sistema eléctrico.
La instalación de cerca de 115 módulos fotovoltaicos de 2 kilowatts en centros vitales busca precisamente eso: garantizar un nivel mínimo de funcionamiento en lugares donde detenerse no es una opción.
Policlínicos, hogares de ancianos, instituciones sociales y otras dependencias se benefician de una tecnología que, más allá de su eficiencia energética, introduce una lógica diferente: la de la autonomía.
En medio de un contexto complejo, cada kilowatt generado localmente representa una seguridad ganada.
LO QUE CAMBIA SIN HACER RUIDO
En el Hogar Materno Isabel María de Valdivia la instalación del sistema fotovoltaico ya tiene resultados concretos.
Sin eliminar por completo las limitaciones energéticas, la solución permite sostener funciones esenciales en un entorno particularmente sensible.
De ese modo, una iniciativa concebida a escala provincial encuentra aquí su expresión más concreta: mejores condiciones de vida para las gestantes y mayor estabilidad en la atención. Porque, aun en medio de limitaciones, hay espacios donde detenerse no es una opción.
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