Dos mujeres, dos historias y un mismo espíritu en Mathisa
«Yo me creía que la fábrica era mía. Cualquier cosa que hay aquí, yo me dolía si pasaba algo; si producían, yo me ponía contenta; si cuando remodelaron la fábrica yo me puse de lo más contenta. No sé, yo me creo que la fábrica es mía. Ha habido momentos en esta fábrica que me han dado ganas de irme, pero después me pongo y pienso y yo digo: no, aquí no es irse, aquí es guapear y echar para adelante».
La fábrica Mathisa, dedicada a la producción de artículos sanitarios, ha sido un espacio de trabajo para cientos de espirituanos. Entre ellos, dos mujeres han tejido su vida laboral entre máquinas, pasillos y compañeros. Una dirige la producción tras décadas de esfuerzo; la otra custodia y protege el centro como si fuera suyo.
Yanet Pérez Sosa llegó a Mathisa con apenas 18 años, sin experiencia laboral.
«Mis primeros días en Mathisa fueron un poco difíciles, ya que no tenía ninguna experiencia laboral. Fue mi primer trabajo y empecé en el proceso productivo y a crecerme poco a poco. He aprendido mucho hasta la fecha. He aprendido lo que es el valor al trabajo. He aprendido lo que es la amistad, el compañerismo, la unión. Y eso es muy importante».
Con el tiempo pasó de obrera a jefa de producción, cargo que ocupa desde hace más de seis años.
«Para mí eso es un logro, porque llegar donde he llegado ha sido una meta, porque empecé desde el principio. Sé lo que es estar en la producción. Prácticamente yo he trabajado aquí en todas las áreas. Mathisa es única, Mathisa es mi casa, Mathisa es todo».
Cuando llegue el momento de jubilarse, Yanet quiere ser recordada tal como es: una jefa exigente, pero también amiga, capaz de dar cariño y comprensión.
María Isabel Marrero Pérez, por su parte, comenzó en la fábrica cuando aún estaba en construcción, a finales de los años 80. Su oficio ha sido custodiar desde entonces, pero muchas veces apoyó en la confección de almohadillas sanitarias.
«Yo empecé a trabajar en Mathisa cuando estaba todavía en construcción. Y empecé de custodio. Estaba la fábrica en construcción, todavía no había arrancado. Después, cuando arrancó, se hizo limpieza, se hizo todas esas cosas y ahí yo estaba aquí. No importaba que estuviera de guardia ni a eso. Pero si hacía falta en la producción, para la producción me iba. Aprendí a trabajar en las máquinas, aprendí a trabajar envasando, aprendí a pesar. Aprendí a hacer de todo lo que hay que hacer en producir. Yo lo aprendí porque es parte de mi casa».
Para ella no existen trabajos de hombres o de mujeres.
«Para mí no hay trabajos ni de hombres ni de mujeres. Hay unos que uno no puede llegarle por fuerza o por no sé qué, pero para mí es un trabajo normal igual que otro cualquiera. Me siento bien. Quisiera que siempre me recordaran como soy, un recuerdo así, un recuerdo lindo el día que me tenga que ir de aquí».
Con orgullo, María asegura que Mathisa es un colectivo unido, casi una familia.
Dos mujeres y dos historias distintas, pero un mismo espíritu: el de la entrega y el sentido de pertenencia. En cada máquina que se pone en marcha, en cada puerta que se protege, laten los corazones de Yanet y María, que han hecho de la fábrica Mathisa de Sancti Spíritus un símbolo de perseverancia y unidad.
No te pierdas nada. Únete al canal en WhatsApp de Radio Sancti Spíritus.
Noticia, En Audio, Sancti Spíritus , Cuba, MATHISA, Sancti Spíritus