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Kilómetros de compromiso (+Fotos y Video)

Kilómetros de compromiso (+Fotos y Video) Gerardo Díaz González tiene 92 años y cada día se levanta a las cinco de la mañana para cumplir con los encargos del pediátrico espirituano. Foto: Yosdany Morejón

Un hospital no puede detenerse y a las seis de la mañana, cuando la ciudad apenas bosteza, en el Hospital Pediátrico Provincial José Martí Pérez, de Sancti Spíritus, ya hay decisiones que no admiten espera. Una transfusión pendiente. Medicamentos que deben recogerse. El pan del desayuno que no puede faltar en las salas. Un especialista que necesita trasladarse desde el Hospital General Camilo Cienfuegos para una interconsulta urgente.

En otro tiempo bastaba con girar una llave y arrancar un motor.Hoy, en Cuba, donde el combustible se ha convertido en variable crítica, cada kilómetro cuenta y cada litro ausente redefine prioridades.

Un hospital pediátrico no puede posponer su rutina por falta de gasolina o petróleo. La vida hospitalaria —más aún cuando se trata de niños— exige continuidad, precisión y respuesta inmediata.

En Sancti Spíritus, esa respuesta encontró un camino alternativo.

Una logística que volvió a respirar

El Hospital Pediátrico Provincial de Sancti Spíritus no se paraliza ante las dificultades actuales que enfrenta el país. Foto: Yosdany Morejón

Hubo un momento —no tan lejano— en que cada gestión logística del Hospital Pediátrico del territorio dependía de una llamada telefónica y de una incógnita: ¿Habrá combustible?

“Para mantenerse funcional, el hospital necesita trasladar un grupo de insumos importantes todos los días”, explica el doctor Ramón Aquino Lorenzo, director del centro. “Y todo hay que traerlo hasta aquí.”

No se trata de encargos esporádicos. Se trata de sangre para transfusiones, medicamentos sensibles, alimentos para decenas de niños ingresados, traslado de especialistas para interconsultas urgentes. Cada movimiento tiene una consecuencia directa en la asistencia médica.

Lázaro Alberto Suárez Baracaldo lo resume desde la trinchera administrativa: “Se nos estaba haciendo muy difícil darle aseguramiento a la institución”. Difícil, en términos hospitalarios, significa inestabilidad. Significa depender de disponibilidades ajenas. Significa reorganizar planes sobre la marcha.

La incorporación de dos ecomóviles eléctricos y un triciclo privado cambió ese escenario. “Ya con estos dos automóviles eléctricos se está resolviendo prácticamente el ciento por ciento de las situaciones”, precisa Aquino Lorenzo. “Desde la búsqueda de sangre en el banco hasta el traslado de especialistas desde y hacia Hospital Provincial que deben hacer interconsultas aquí”.

El subdirector administrativo Suárez Baracaldo amplía el alcance: “Nos apoyan, además, en la trasportación de los productos alimenticios, incluso sábados y domingos”.

La frase no es menor. La logística hospitalaria no entiende de fines de semana. Tampoco los ecomóviles. Un día sí y uno no, se alternan. De lunes a lunes. Con horarios definidos, pero con flexibilidad si la carga de batería lo permite. Si hay que esperar a un médico y traerlo de regreso al pediátrico, se espera. Si hay que ir a buscar medicamentos de urgencia, se va.

“Hoy el hospital prácticamente no está usando combustible para el transporte de ninguna de las cosas vitales”, subraya el doctor Aquino. “Lo estamos haciendo con esta nueva matriz energética y el apoyo de la Empresa Provincial de Transporte”.

Lázaro, por su parte, insiste en un elemento que repite varias veces durante la conversación: la disposición humana. “Tremenda disposición. Los choferes nos apoyan al máximo. Hacía rato que no teníamos este aseguramiento así”.

Y esa palabra —aseguramiento— pesa. Porque en la gestión hospitalaria no basta con resolver hoy. Hay que garantizar mañana. Y pasado.

Lo que antes era incertidumbre diaria, hoy tiene planificación. Lo que antes dependía de combustible escaso, hoy depende de carga eléctrica y coordinación. Lo que antes generaba tensión operativa, hoy ofrece margen de maniobra.

No es que hayan desaparecido las dificultades. Es que encontraron una forma de no paralizarse ante ellas.

Ecomóviles: disciplina sobre baterías

La incorporación de dos ecomóviles eléctricos y un triciclo privado ha mejorado la transportación logística del pediátrico espirituano. Foto: Yosdany Morejón

Los ecomóviles no llegaron como gesto simbólico. Llegaron con horarios, con responsabilidad fiscal y con resultados medibles.

Operan en turnos rotativos, de 7:00 a.m. a 2:00 p.m., incluidos sábados y domingos. Si la carga lo permite, continúan trabajando en otras rutas.

Isaías Álvarez Rodríguez, uno de los conductores, fue de los primeros choferes vinculados al proyecto en la provincia. Tiene 65 años y habla con sobriedad: “Si hay que trasladar un médico del Camilo Cienfuegos al Pediátrico, lo llevamos y lo esperamos. Si hay que recoger sangre, vamos. Si es medicamento, igual”.

La batería se recargará pronto en un punto que se habilita dentro del propio hospital. La planificación es esencial: cada viaje se calcula en función de autonomía y consumo. No hay margen para improvisaciones.

Suárez, el administrador, agrega un elemento clave: además de transportar insumos y especialistas, estos medios también han facilitado la movilidad interna del personal médico dentro de la ciudad cuando resulta imprescindible.  “Los médicos están satisfechos. Hacía rato que no teníamos este aseguramiento logístico con estabilidad”, dice. En un contexto económico adverso, la previsión se convierte en alivio.

Gerardo: el hombre que no se detiene

Ecomóviles y un triciclo eléctrico privado apoyan la logística del Hospital Pediátrico de Sancti Spíritus en medio del déficit de combustible. Foto: Yosdany Morejón

Pero si los ecomóviles representan la organización institucional, el triciclo eléctrico privado encarna algo más profundo: la voluntad individual puesta al servicio colectivo.

Gerardo Díaz González tiene 92 años. Lo dice sin énfasis. “Noventa y dos. Cumplí el pasado 9 de diciembre”.

Se levanta todos los días a las cinco de la mañana. Antes de que amanezca ya está en la calle rumbo a la panadería que le indiquen la noche anterior. A veces en Chambelón, en las afueras de la ciudad cabecera. Otras en Olivos II, Olivos III. Puede ser en cualquier punto de la urbe. No importa la distancia.

Recoge el pan y lo trae al hospital. Sin falta. Después espera instrucciones. Verduras. Carne. Huevos. Algún encargo en Acopio. Un viaje corto a La Tasajera. Lo que aparezca en la lista.

“Si me siento, me muero más pronto (ríe)”. Lo dice con una media sonrisa, pero sin dramatismo. No es una frase para la galería. Es una declaración de principios.

Gerardo no trabaja por épica ni por nostalgia. Trabaja porque se siente útil. Porque entiende que cada saco de pan que descarga en la cocina del hospital es parte del cuidado de un niño ingresado.

Si un día no está en el centro, lo llaman a su casa. Y viene.

En el patio del Pediátrico, su triciclo eléctrico parece pequeño frente al edificio. Pero su presencia se ha vuelto imprescindible. No tiene aire acondicionado ni cabina cerrada. Tiene disciplina y constancia.

A su edad, cuando la mayoría descansa, él sostiene una parte concreta de la cadena logística de una institución médica. Y no reclama reconocimiento. Solo sigue.

Conozca más sobre la historia de Gerardo Díaz González en el siguiente video

Luz en casa, compromiso en el hospital

La transformación del Pediátrico espirituano no se detiene en los patios donde cargan los ecomóviles ni en el triciclo de Gerardo. También entra, silenciosamente, en las casas de quienes sostienen el hospital por dentro.

Veinte trabajadores del centro fueron beneficiados con sistemas fotovoltaicos como parte de un programa nacional que reconoce desempeño y carga asistencial. Diez módulos de 1 200 Watts e igual número de 800 llegaron a manos de especialistas, enfermeras y personal de servicios.

El doctor Ramón Aquino Lorenzo explica que la selección no fue improvisada: “Tratamos de cubrir a las personas con mayor carga asistencial, sobre todo cirujanos de la Comisión de Atención al Niño Crítico, anestesiólogos, personal de terapia intensiva y también trabajadores de áreas de servicio”, detalla. “Todos muy felices, porque ahora al menos pueden tener iluminación en la casa, procesar algunos alimentos y aprovechar los horarios pico de generación”.

Niubis Arrozarena Cubertiel, secretaria del hospital, recibió un módulo de 800 Watts. Antes, en su casa solo tenía “una simple lamparita recargable”. “He mejorado un ciento por ciento. No tengo palabras para expresar la gratitud que siento”, dice sin exagerar.

El sistema fue instalado por especialistas de Copextel apenas semanas después de adquirirlo. Desde entonces, Niubis adelanta trabajo administrativo en casa cuando la jornada hospitalaria se extiende más de lo previsto. Tiene una niña: “Contentísima. Cuando vio que instalaron el panel fue la más feliz de la casa”, cuenta.

Por su parte, Dayana Camacho Vascón, especialista del Pediátrico, recibió un módulo de 1 200 Watts. Tampoco lo esperaba. “En las circunstancias actuales, esto es mucho. Uno regresa de la jornada laboral y al menos puede estar iluminado. Puede poner los ventiladores, adelantar tareas del hogar”.

Habla de gratitud, pero también de responsabilidad. “Esto compromete. Venimos con más deseos de brindar lo mejor a nuestros niños”.

En su casa hay un pequeño de casi ocho años que ahora logra ver sus muñequitos en la tarde y hacer las tareas con luz estable. Puede parecer un detalle doméstico, pero en el contexto actual significa estabilidad emocional y descanso real para quienes trabajan bajo presión constante.

No es solo un panel en un techo. Es la posibilidad de que un médico descanse mejor. De que una enfermera organice su jornada. De que un trabajador llegue al hospital con menos angustia doméstica acumulada.

Y eso, en un centro como este, también repercute en la calidad de la asistencia.

Una red que funciona

Hoy el hospital prácticamente no está usando combustible para el transporte de insumos y medicamentos. Foto: Yosdany Morejón

Lo que ocurre en el Hospital Pediátrico Provincial de Sancti Spíritus no responde a una sola medida ni a un gesto aislado. Es la suma de decisiones prácticas en medio de un escenario nacional complejo.

Gobierno Provincial, Direcciones de Transporte y Salud, choferes estatales, un trabajador privado de 92 años y una administración hospitalaria que reorganiza prioridades. El resultado es concreto.

La logística hospitalaria no entiende de fines de semana. Foto: Yosdany Morejón

Prácticamente el ciento por ciento de la logística vital del centro se realiza hoy sin depender del combustible tradicional. Se trasladan especialistas. Se recogen medicamentos. Se garantiza sangre para transfusiones. Se asegura el pan diario. Y, además, parte de sus trabajadores regresan a casa con respaldo energético que les permite descansar, organizar y recomenzar.

No han desaparecido las dificultades del país. No han cambiado las tensiones del contexto económico. Pero este hospital decidió no paralizarse ante ellas. Kilómetro a kilómetro. Carga a carga. Panel a panel.

En Sancti Spíritus, el Pediátrico mueve lo imprescindible. Y lo hace con planificación institucional y la voluntad de personas que entienden que, cuando se trata de niños, detenerse no es opción.

Isaías Álvarez Rodríguez, es uno de los conductores vinculados al proyecto en la provincia. Foto: Yosdany Morejón

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