Camilo y las nuevas cordilleras
Y si muero, ¿qué es la vida?
Por perdida ya la di
Cuando el yugo del esclavo
Como un bravo sacudí.
Cuenta el inolvidable periodista Guillermo Cabrera Álvarez en su libro sobre el hombre de mil anécdotas, que estos versos de Espronceda eran el lema de Camilo Cienfuegos. De Camilo, que este 6 de febrero nos cumple 94 años, tenemos mucho que aprender y más en las actuales circunstancias que vive la Revolución.
Camilo, en su juventud, trabajó como sastre y no pudo estudiar en la Universidad ya que el “tayloreo”, como él decía, era indispensable para su sustento y ayudar a la familia. No obstante, sus luces naturales, capacidad y audacia, lo convirtieron en uno de los mejores combatientes del Ejército Rebelde. A decir de otro guerrillero valiente, Efigenio Ameijeiras, Camilo cosió en la Sierra una leyenda.
Pero la leyenda de Camilo no es la historia inalcanzable e irrepetible, sino un legado.
Uno de los valores fundamentales que nos transmitió Camilo es la fidelidad. Justo este año del centenario del “Gigante”, como él mismo llamara a Fidel, su legado se renueva lleno de lecciones para estos tiempos de combate.
Por eso, como mismo él decía: contra Fidel, ni en la pelota; o cuando Fidel habla, lo primero que debe hacer un revolucionario es escucharlo.
Y en este año de centenario que no celebraremos solo con homenajes sino con un combate a fuego cerrado -planteado desde el mismo inicio de enero- pensar a Fidel, estudiarlo, interpretarlo con hechos, es la manera de conocerlo y ser fiel a todos sus principios, a sus ideas y a la Revolución de los humildes por la cual luchó en la Sierra junto a hombres como Camilo. Es también nuestra manera de ser Camilos de estos tiempos.
El rechazo absoluto a cualquier tipo de traición, es otro de los legados del Héroe de Yaguajay a tener presente en estos tiempos; y así expresó el 5 de julio de 1959, en Matanzas, que esta no es una Revolución de cobardes, que no es una Revolución de débiles ni es una Revolución de traidores.
Y así también nos acompaña su audacia, su sentido del humor ante las dificultades y su responsabilidad cuando había que tomar decisiones importantes o cuando tenía enfrente al enemigo; cuando decía que con la verdad ganamos la guerra y mantenemos la paz; y que no podemos esperar el bienestar y el progreso solo de la divina naturaleza…es decir: hay que luchar y emanciparnos por nosotros mismos; que no podemos nunca ponernos a la altura moral de los que combatimos, porque el valor ético de la Revolución es lo que la hace extraordinaria.
Para no perder la ternura en estos tiempos difíciles, tenemos su humanismo, cuando lo definió en el teatro Agramonte en Camagüey, el 21 de octubre de 1959: humanismo es diez mil maestros dando clases; humanismo es los soldados rebeldes trabajando por la patria; humanismo son las viviendas campesinas; humanismo es el sentido patriótico que hoy, gracias a esta Revolución, ha nacido el primero de Enero en el corazón de cada cubano.Y esa resolución de luchar hasta vencer o morir, de enfrentar al enemigo y vencer en cualquier circunstancia, es una convicción compartida también por Camilo.
Los versos de Espronceda que le acompañaron durante toda su vida también van con nosotros pues sabemos que desde el mismo momento en que los cubanos decidimos ser soberanos, la vida es un eterno batallar contra el imperialismo.
Y además sabemos, como decía Camilo, lo que representamos para los demás pueblos del continente y el mundo y por eso resistimos, y nuestra disyuntiva es Patria o Muerte, con la certeza de que Venceremos.
El 6 de febrero de 1932 nació aquel joven impetuoso en la barriada de Lawton y 94 años después sigue compartiendo la sonrisa, y dando lecciones de lealtad.
Ahí está su casa natal hecha museo, que comparte la historia de una familia linda; el mausoleo del Frente Norte de Las Villas; están los libros que hermanos de lucha, historiadores y profesores han escrito sobre su vida y su pensamiento; está su obra, el cariño del pueblo y la confianza de Fidel.
Camilo es un combatiente más en nuestro nuevo escenario de batallas. En él se conjugan la bravura y el amor. Amemos al muchacho de la sonrisa, pero también al de pensamiento profundo, al revolucionario radical, al joven que por martiano fue detenido por el BRAC y que luego disolvió el BRAC con el triunfo de la Revolución; el que nunca hubiera negociado con el traidor y que defendía la idea de que si a la luna tenía que llegar la Revolución, a la luna llegaría.
Camilo no es el héroe indefenso que el enemigo ha querido inventar como víctima desde hace más de 60 años, pues él solo se defiende con su palabra y sus hechos: Camilo es nuestro. Como apareciera en la prensa a finales de 1959: Camilo es el ángel de la Revolución ; y como tal, aparece en los versos de Luis Díaz Oduardo, que nos lo invocan este día:
Su sonrisa
se quedó en el misterio de los dioses
antiguos
y su fusil
escalando nuevas cordilleras.
Tomado de Cubadebate
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