Humedales: pulmones verdes y escudos naturales
Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, fecha que recuerda la firma de la Convención Ramsar en 1971 y que subraya la necesidad de proteger estos ecosistemas vitales para la vida en el planeta.
Los humedales son espacios donde el agua y la tierra se entrelazan, hábitats únicos que regulan el ciclo hidrológico, almacenan carbono y actúan como barreras naturales frente a fenómenos extremos como huracanes y penetraciones del mar. En Cuba, estos ecosistemas abarcan más de 1,4 millones de hectáreas, lo que representa alrededor del 13 por ciento del territorio nacional. Su importancia trasciende lo ambiental: son fuentes de sustento, cultura y tradición para numerosas comunidades.
La Ciénaga de Zapata, considerada el mayor humedal del Caribe insular, es un verdadero tesoro natural. Con más de 900 especies de flora y fauna, alberga endemismos de gran valor científico y cultural. Allí habitan el cocodrilo cubano (Crocodylusrhombifer), el manjuarí (Atractosteustristoechus) y aves como la gallinuela de Santo Tomás, una de las más raras del mundo.
El Estado cubano ha desarrollado políticas integrales para la protección de los humedales, en consonancia con los compromisos internacionales de la Convención Ramsar. La Ciénaga de Zapata fue declarada Sitio Ramsar en 2001, y desde entonces se han impulsado programas de manejo sostenible, monitoreo científico y educación ambiental.
Instituciones como el Centro Nacional de Áreas Protegidas y el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) lideran proyectos de investigación y conservación que buscan garantizar la salud de estos ecosistemas frente a amenazas como el cambio climático, la contaminación y la deforestación. Se han promovido acciones de reforestación con especies nativas, el control de especies invasoras y la creación de corredores biológicos que permiten mantener la conectividad ecológica.
La relación entre los humedales y las comunidades locales es inseparable. En la Ciénaga de Zapata, por ejemplo, los habitantes han aprendido a convivir con su entorno, aprovechando de manera sostenible los recursos naturales y desarrollando prácticas tradicionales que forman parte de la identidad cultural de la región. La pesca artesanal, la apicultura y el ecoturismo son actividades que generan ingresos y empleo, al tiempo que refuerzan la conciencia sobre la necesidad de proteger el medio ambiente.
El ecoturismo, en particular, ha cobrado relevancia en los últimos años. Visitantes nacionales y extranjeros recorren senderos, observan aves endémicas y conocen de cerca la riqueza natural de la Ciénaga. Esta actividad, regulada y organizada, contribuye a la economía local y promueve un modelo de desarrollo que respeta los límites ecológicos.
La educación ambiental también desempeña un rol fundamental. Escuelas, museos y centros comunitarios desarrollan programas que inculcan en niños y jóvenes el valor de los humedales como patrimonio común. De esta manera, se garantiza que las nuevas generaciones asuman la responsabilidad de proteger estos espacios vitales.
A pesar de los avances, los humedales cubanos enfrentan retos significativos. El cambio climático, con el aumento del nivel del mar y la variabilidad de las lluvias, amenaza la estabilidad de estos ecosistemas. La presión sobre los recursos naturales y la necesidad de mantener un equilibrio entre desarrollo económico y conservación son desafíos que requieren soluciones innovadoras y sostenibles.
En este sentido, la ciencia cubana trabaja en proyectos de adaptación y mitigación, como el fortalecimiento de manglares costeros, la restauración de áreas degradadas y la implementación de sistemas de monitoreo que permitan anticipar impactos y diseñar respuestas efectivas. El papel de las comunidades locales, con su conocimiento tradicional y su compromiso, será decisivo en este proceso.
Fuentes: Periódico Girón, suplemento Humedal, revista Mar y Pesca
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