Israel, el hombre que camina sobre los rieles
Israel Pis Lorenzo
El sol apenas asoma y ya Israel Pis Lorenzo piensa en lo que hará al día siguiente. A sus 75 años, la rutina no lo cansa: la imagina, la organiza y la enfrenta con la misma pasión de cuando era joven. “Yo llego al ferrocarril por mediación de un tío mío… y hasta los días de hoy sigo ahí, hasta que pueda”, dice con voz firme, como quien sabe que su vida está hecha de hierro y traviesas.
Nació en el poblado de Jarahueca, Yaguajay, y desde temprano se dejó seducir por el mundo ferroviario. Tras salir del servicio militar activo, se incorporó a las brigadas de vías y puentes en Sancti Spiritus. Desde entonces, su historia se ha tejido entre rieles, herramientas pesadas y el viento que golpea los puentes altos.
Israel habla del peligro con naturalidad. “Lo más riesgoso de todo para mí es trabajar en los puentes, porque ahí arriba estás en el aire”, confiesa. Y sin embargo, sonríe al decir que es lo que más le gusta. No ha tenido accidentes graves, pero sabe que cada jornada implica riesgos: un hierro que cae, un golpe inesperado, un descarrilamiento posible.
Recuerda una madrugada en que el trabajo se volvió extremo. Había deslaves y un puente muy alto que debía repararse. “Había que estar agarrado arriba para no caer”, relata. Son escenas que parecen sacadas de una película de acción, pero que forman parte de la vida cotidiana de quienes aseguran que los trenes lleguen a destino.
Su oficio es bravo, como él mismo lo define. Bravo porque exige fuerza física, precisión y valentía. Bravo porque la seguridad de cientos de pasajeros depende de cada ajuste que él y sus compañeros realizan. “Si haces un trabajo mal hecho, puede haber un accidente. La seguridad de los trenes depende de nosotros”, afirma con la serenidad de quien carga sobre sus hombros una responsabilidad inmensa.
Israel lamenta que pocos jóvenes se interesen en este camino. “El que quiera entrar, que se dedique y que le ponga atención a lo que dicen los más viejos”, aconseja. Para él, la pasión y el amor por la profesión son la fuerza que lo mantienen activo, incluso más allá de la edad de jubilación. No toma vacaciones, asegura que disfruta cada jornada y que sus compañeros son como una familia.
La vida de Israel es un viaje sin estaciones finales. Su historia recuerda que el ferrocarril no solo se mueve por locomotoras, sino por la entrega silenciosa de quienes cuidan los rieles. Obreros invisibles que, como él, sostienen la seguridad de cada viaje y que, entre hierro y viento, han hecho del peligro una forma de amor.
Es la historia de un espirituano que convirtió el peligro en pasión y los puentes en su vida.
No te pierdas nada. Únete al canal en WhatsApp de Radio Sancti Spíritus.