Batalla de Yaguajay: cuando el enemigo levantó bandera blanca
El Señor de la Vanguardia en compañía de otros combatientes del Frente Norte de Las Villas. Foto: Perfecto Romero.
Ante la negativa de abdicar por parte de las tropas de la dictadura batistiana, dirigidas por el capitán Alfredo Abón Lee, prosiguió la batalla de Yaguajay, iniciada el 21 de diciembre de 1958 por las fuerzas del Frente Norte de Las Villas, al mando del Comandante Camilo Cienfuegos.
Los tiroteos iban en ambas direcciones y, a consecuencia de ello, el día 28 un proyectil extraviado hirió de muerte al niño Wilfredo Frenes Ruiz, refugiado con su familia en el batey de Narcisa. Allá acudió Camilo para ofrecerles apoyo a los padres del menor, y en su última visita —recuerda el historiador Gerónimo Besánguiz—, le expidió un documento a la madre para autorizarla a cobrar una pensión vitalicia al triunfar la Revolución, motivado por la pérdida de su hijo en medio de una batalla, extendida por la obstinada resistencia enemiga.
EL CHE EN EL TEATRO DE OPERACIONES
Sabedor de la impaciencia y del temperamento de Camilo, quien no veía la hora en que el adversario claudicara, Ernesto Che Guevara regresó a Yaguajay el día 30 (había ido, además, el 23 y el 25), ya en marcha la batalla de Santa Clara y le trajo una bazuca y le prometió enviar un mortero, que llegó en la tarde del 31.
El arribo de estas armas resultó el puntillazo a los sitiados, quienes enfrentaban una situación angustiosa: la fetidez de los muertos, sepultados casi a ras de tierra, y de los animales en descomposición; el hambre y la carencia de medicinas, que obligó a curar con vinagre al creciente número de heridos.
Atrapado en su propio laberinto, Abón Lee jugó su última baraja: el pedido de una tercera tregua, solicitud que agotó la paciencia de Camilo.
“Si no se rinden ahora mismo, les derrumbamos el cuartel sobre sus cabezas”, le espetó al batistiano, luego de 11 días de asedio y de combate, incluido el bombardeo enemigo a la población civil y a las fuerzas rebeldes.
Horas antes de esa determinación del Señor de la Vanguardia, y en un rapto de desesperación del enemigo, Grelio Ruiz Luna, prisionero en el cuartel, fue llamado a participar en una sesión de espiritismo en la misma guarnición, donde conocían los dones del luchador clandestino en este tipo de práctica.
Ruiz Luna testimoniaría años después a Besánguiz y a Quintero que al verse entre los oficiales y soldados, quienes no le habían llevado ni un bocado durante la batalla, pensó lo que diría a los concurrentes, que aguardaban esperanzados.
“Aquí no se ve venir ninguna tropa de refuerzo —les advirtió—, ni tanques ni nada. Veo un solo camino para el bien de todos, el de la rendición”.
Pasadas las cinco de la tarde del día 31, las banderas blancas comenzaron a asomarse tímidamente por cada flanco del cuartel. Era la consumación del tiro de gracia del Frente Norte de Las Villas.
No te pierdas nada. Únete al canal en WhatsApp de Radio Sancti Spíritus.