La alimentación influye directamente en el funcionamiento del cerebro: una dieta rica en frutas, vegetales, grasas saludables y proteínas de calidad favorece la memoria, la concentración y la prevención de enfermedades neurodegenerativas. En cambio, el exceso de azúcares y ultraprocesados puede afectar el estado de ánimo y reducir la capacidad cognitiva. Comer bien no solo nutre el cuerpo, también fortalece la mente.