Misión Milagro, un acto de justicia social
En los pasillos del Hospital Provincial de Rehabilitación de Sancti Spíritus, el nombre de Raisa Hernández Hurtado no se pronuncia con solemnidad distante, sino con la familiaridad de quien ha dejado huellas profundas. Hoy dirige la institución, pero, su historia se remonta a los años en que, entre 2003 y 2009, formó parte en Venezuela de una de las iniciativas médicas más humanas de todos los tiempos. Se trata de la Misión Milagro.
“Tuvimos la responsabilidad de estar al frente de la misión Milagro, participamos en la inauguración del centro oftalmológico que se ubicó en el estado Vargas y durante este tiempo tuvimos vivencias bien impresionantes del trabajo y de la posibilidad de llegar al país con todos nuestros colaboradores y de poder salir adelante y estar junto al pueblo venezolano dando todo el amor de los galenos junto a todo un gran equipo.
Corría el inicio del siglo XXI en América Latina y miles de personas sufrían de enfermedades visuales que les impedían trabajar, estudiar o simplemente mirar a sus seres queridos. Pero la doctora Raisa y su equipo de trabajo cambiaron ese panorama.
“Nosotros tuvimos la oportunidad de viajar hacia muchos lugares, de ver ese cariño, de ver tantas personas que aún sin tener zapatos, sin tener nada, sin tener visión de no conocer jamás en la vida haber visto un medico”.
Los testimonios de los pacientes que volvieron a ver el rostro de sus hijos o la sonrisa de quienes recuperaron la posibilidad de leer son la verdadera medida del liderazgo de la doctora Raiza.
“Una de las cosas más impresionantes que uno puede ver cuando ya la gente por primera vez te logra ver y casi que lo primero que ve delante de ellos es una bata blanca. Por eso a veces preguntan, ¿por qué los quieren tanto? Porque realmente todo lo que uno llegó allí a hacer era con humanidad, era con los estudios que habíamos tenido, era con nuestra propia experiencia para tratar de darles toda la salud y sobre todo la visión que es tan importante”.
Para la doctora Raiza, cada cirugía era más que un procedimiento médico, era un acto de justicia social.
“En el año 2003 yo viví una etapa muy linda, muy difícil, fue dura, pero realmente entre todo el legado de nuestro comandante, entre sus enseñanzas diarias, el jefe siguió la misión todo el tiempo que estuvimos allá y siempre fueron muy acertadas para todos nosotros y fue grande, grande”.
De esta forma, la figura de Raíza Hernández Hurtado emerge como símbolo de la medicina ejercida con vocación social y compromiso profundo.
Su paso por Venezuela entre 2003 y 2009 como integrante de la Misión Milagro no es un capítulo aislado, sino parte de una historia mayor, la de profesionales que cruzan fronteras para devolver claridad a los ojos y esperanza a las vidas.
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