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Cuba puede contar con el coraje y la sensibilidad de los espirituanos (+ fotos)

Cuba puede contar con el coraje y la sensibilidad de los espirituanos (+ fotos) Deivy Pérez Martín pronunció un emotivo discurso que dio paso al homenaje del pueblo.

«Sancti Spíritus ratifica una vez más que Cuba puede contar con el coraje, pero también con la sensibilidad de los hijos de esta central provincia», aseguró este viernes Deivy Pérez Martín, miembro del Comité Central del Partido y su primera secretaria en el territorio, al invitar a los habitantes de esta parte del país «a rendir homenaje, de forma organizada y solemne, a los 32 combatientes caídos en desigual enfrentamiento con las fuerzas norteamericanas que, hace apenas unos días, destrozaron la paz de Venezuela y, con ella, la de toda América Latina».

La dirigente partidista intervino en el masivo acto desarrollado en la Plaza de la Revolución Mayor General Serafín Sánchez Valdivia como parte de las acciones desplegadas en el país para rendir homenaje a quienes ofrendaron sus vidas en el cumplimiento de su deber internacionalista en la hermana República Bolivariana de Venezuela.

“Nos reúne el dolor, pero nos convocan los principios y la convicción de que los cubanos somos un pueblo duro, tal como se vio obligado a reconocer el terrible ser humano que hoy se sienta en la Casa Blanca”, aseguró la máxima dirigente partidista espirituana, quien exhortó a mantenernos firme en la defensa de la soberanía.

A continuación ofrecemos el texto íntegro del discurso de Deivy Pérez Martín, miembro del Comité Central del Partido y su primera secretaria en Sancti Spíritus, en el masivo acto realizado en la mañana de este viernes en la Plaza de la Revolución Mayor General Serafín Sánchez Valdivia.

Compañeras y compañeros, hermanas y hermanos de la Patria:

El dolor nos reúne en este momento difícil para Cuba, el dolor por los 32 compatriotas que murieron en el vil ataque perpetrado por Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela, con el deliberado propósito de secuestrar al presidente legítimo de ese hermano pueblo, el compañero Nicolás Maduro Moros, y su esposa Cilia Flores.

El dolor nos reúne en este homenaje póstumo a los cubanos que, cumpliendo honrosas misiones en la nación de Bolívar, cayeron con las botas puestas, fieles a la tradición heroica de esta isla indómita. Nos reúne el dolor, pero nos convocan los principios y la convicción de que los cubanos somos un pueblo duro, tal como se vio obligado a reconocer el terrible ser humano que hoy se sienta en la Casa Blanca.

Estamos en este sitio, de alto valor simbólico para los espirituanos, con el objetivo de rendir homenaje a los héroes cubanos que, con su sangre y su ejemplo, encarnan un capítulo más de la resistencia contra el imperialismo. Su sacrificio nos recuerda que la lucha por la libertad de los pueblos de América Latina no es un episodio aislado, sino una batalla constante contra la dominación y la injusticia.

Desde esta tierra, cuna de patriotas como Serafín Sánchez Valdivia, que murió en combate defendiendo sus ideales, y escenario de encarnizadas batallas durante la última etapa de lucha de nuestro pueblo por la definitiva independencia, en los meses finales de 1958; desde esta tierra, evocamos el legado de aquellos hombres que cayeron en el cumplimiento de sus misiones internacionalistas y en la defensa de la integridad física y geográfica del hermano país, que hace muchos años decidió libre y soberanamente su rumbo, al margen de tantas décadas de sometimiento a la hegemonía estadounidense.

Ya lo advertía nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro en los años más duros de la Revolución: “El imperialismo norteamericano es el más poderoso enemigo de los pueblos del mundo, y especialmente de los pueblos de América Latina”. Estas palabras siguen teniendo hoy una vigencia incuestionable, porque el gobierno norteamericano no descansa, no se detiene, no renuncia a sus ambiciones de control y saqueo.

José Martí lo resumió como nadie: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”. Y los hombres a los que hoy rendimos merecido tributo no han muerto, porque entregaron su vida en la defensa de la soberanía y la solidaridad internacionalista. Cuba, fiel a su vocación de justicia, nunca ha permanecido indiferente ante la agresión contra otros pueblos hermanos. Nuestros combatientes han estado presentes en Angola, en Etiopía, en Nicaragua, en Venezuela…, llevando no solo armas, sino también médicos, maestros, ingenieros, llevando esperanza y dignidad.

Ellos son parte de esa tradición que nos enseñó Martí cuando dijo que “Patria es humanidad”. Y son parte de la visión de Fidel, quien afirmó: “Mientras exista el imperialismo, el Partido y el pueblo tendrán que luchar contra él”. Esa lucha no es abstracta: se expresa en cada acto de solidaridad, en cada resistencia frente a las agresiones, en cada vida entregada por la causa de los humildes. Por ello nuestros héroes merecen el honor y la gloria, pues la Patria los contempla orgullosa.

En el homenaje nacional a nuestros 32 compatriotas fallecidos, el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez reafirmó la continuidad histórica de la Revolución y la fidelidad a los principios de solidaridad internacionalista. Con firmeza expresó: “La lealtad al legado de nuestros próceres, de Fidel y de Chávez, es la brújula que guía nuestras acciones presentes y futuras”. Porque la sangre derramada por nuestros héroes no fue en vano, sino que se convierte en compromiso con la justicia y la independencia de los pueblos.

El mandatario recordó que la unidad entre nuestros países es la mayor fortaleza frente a las amenazas externas. “Nuestros héroes nos enseñan que la solidaridad entre Cuba y Venezuela es indestructible, porque nace de la historia compartida y de la lucha común contra el imperialismo”. Con estas palabras, Díaz-Canel nos invita a seguir construyendo juntos un futuro de independencia, justicia y paz, inspirado en el sacrificio de quienes hoy honramos.

Ante esas pretensiones de soberanía y desarrollo autónomo de nuestros pueblos de América Latina, el imperialismo norteamericano ha sido, durante más de un siglo, la principal amenaza. Desde la doctrina Monroe en el siglo XIX hasta las más recientes sanciones económicas y campañas mediáticas, Estados Unidos ha pretendido erigirse en dueño y señor de nuestro continente.

Fidel lo denunció con valentía: “El imperialismo norteamericano ha sido capaz de cometer los más grandes crímenes contra la humanidad en su afán de dominar al mundo”. Y la historia le dio la razón.

Ahí están, todavía frescos en la memoria colectiva, el derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz, en la Guatemala de 1954; la invasión a Playa Girón, en abril de 1961, intento desesperado de Estados Unidos por recuperar el control sobre Cuba que fue derrotado en menos de 72 horas; la conspiración imperialista que apoyó el golpe militar que derrocó al presidente Salvador Allende e instauró la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet, en Chile, 1973; y en la propia Venezuela a lo largo de este siglo XXI, donde han apoyado varios golpes de Estado que buscan desestabilizar la Revolución Bolivariana.

Estos ejemplos son apenas una muestra de la larga lista de intervenciones, bloqueos y agresiones que han marcado la historia de nuestro continente. Cada uno de ellos confirma la vigencia de las palabras de Fidel: “El imperialismo no puede perdonar a Cuba que haya hecho una revolución socialista en sus propias narices”. Y no puede perdonar a ningún pueblo que se atreva a ser libre.

Ante cada agresión, Cuba ha respondido históricamente con solidaridad. Nuestros médicos han llegado hasta los rincones más apartados de Venezuela, Bolivia, Haití, Brasil…, llevando salud donde antes solo había abandono. Nuestros maestros han enseñado a leer y escribir a millones de personas en América Latina. Esa es nuestra verdadera arma: la dignidad, la solidaridad, la conciencia.

Con claridad meridiana Fidel ya lo había advertido: “Cuba no envía armas, Cuba envía médicos, Cuba envía maestros, Cuba envía lo que más necesita un pueblo: vida y esperanza”. Esa es la esencia de nuestro internacionalismo, y esa es la razón por la cual nuestros héroes son recordados hoy con tanto amor y respeto.

Compañeras y compañeros:

Hay instantes que son muy importantes en la vida de los pueblos; hay minutos extraordinarios, y un minuto como ese es el minuto trágico y amargo que estamos viviendo en el día de hoy. Este homenaje no es solo un acto de memoria. Es también un compromiso. El Partido Comunista de Cuba, junto a nuestro pueblo, reafirma en esta hora aciaga que seguiremos defendiendo la soberanía, la justicia y la solidaridad internacionalista. No nos rendiremos ante el bloqueo, no nos doblegaremos ante las amenazas, no traicionaremos jamás el legado de nuestros héroes.

Más que promesa de hoy, es promesa de ayer y de siempre: ¡Cuba no se acobardará, Cuba no retrocederá; la Revolución no se detendrá, la Revolución no retrocederá, la Revolución seguirá adelante, victoriosa; la Revolución continuará inquebrantable su marcha!

Y esa es nuestra promesa a estos 32 compañeros que llevaremos siempre en el recuerdo como algo nuestro; y no en el recuerdo en el corazón de un hombre, o de algunos hombres, sino en el recuerdo único que no puede borrarse nunca: el recuerdo en el corazón de un pueblo.

Hace 65 años, en las honras fúnebres de las víctimas de la explosión del vapor La Coubre, en el Cementerio de Colón, Fidel había lanzado una advertencia a aquellos perturbados del sentido común que intentaran invadir de algún modo nuestro suelo. “Que no les quede duda de que aquí en esta tierra que se llama Cuba, aquí en medio de este pueblo que se llama cubano, habrá que luchar contra nosotros mientras nos quede una gota de sangre, habrá que pelear contra nosotros mientras nos quede un átomo de vida. Nosotros nunca agrediremos a nadie, de nosotros nadie nunca tendrá nada que temer, pero quien nos quiera agredir debe saber sin temor a equivocarse que con los cubanos hoy (…), con esta generación hay que pelear, si nos llegan a agredir, hasta su última gota de sangre, con los fusiles que tengamos, con los fusiles que compremos, que le compremos al que nos lo venda, sencilla y llanamente, con las balas y las armas que compremos donde mejor nos parezca y con las armas que nosotros sabemos quitarles a los enemigos cuando estamos peleando”.

Aquel emotivo discurso lo recordamos hoy, cuando rendimos tributo a nuestros héroes caídos y levantamos la bandera de la dignidad y la resistencia. Ellos nos ratifican que la libertad no se mendiga, se conquista; que la soberanía no se negocia, se defiende; que la solidaridad no se proclama, se practica.

El imperialismo norteamericano seguirá siendo una amenaza, pero mientras exista un pueblo como el cubano, dispuesto a luchar y a resistir, nunca podrá vencer. Porque como dijo Fidel: “Los pueblos pueden ser conquistados, pero nunca podrán ser dominados”.

De la estirpe del Comandante en Jefe somos todos los cubanos, hombres y mujeres pacíficos, pero rebeldes cuando se nos intenta poner de rodillas; un pueblo que se yergue en los momentos más tensos, en los más difíciles, incluso en los más tristes de su historia, como aquel octubre de 1976, cuando un grupo de compatriotas murió en el terrible sabotaje del avión de Cubana de Aviación en Barbados.

En la despedida de duelo de aquellos 73 cubanos, Fidel pronunció una frase que ha pasado a la posteridad como el símbolo de la firmeza de esta isla en medio del dolor. Y esas palabras del Comandante las repetimos hoy, cuando sufrimos la pérdida de 32 valiosos hombres, pero estamos seguros de la firmeza inquebrantable de nuestra gente: “Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”.

¡Honor y gloria eterna a nuestros héroes!

¡Viva la solidaridad internacionalista!

¡Vivan Fidel y Raúl!

¡Viva Cuba libre y soberana!

Patria o muerte, ¡Venceremos!

Convocamos a nuestro pueblo, de tan profundas convicciones revolucionarias, a rendir homenaje, de forma organizada y solemne, a los 32 combatientes caídos en desigual enfrentamiento con las fuerzas norteamericanas que, hace apenas unos días, destrozaron la paz de Venezuela y, con ella, la de toda América Latina. Sancti Spíritus ratifica una vez más que Cuba puede contar con el coraje, pero también con la sensibilidad de los hijos de esta central provincia.

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