La dignidad de un oficio
Rolando Pino Borges, con casi tres décadas en el sector de Comunales y que ha hecho de la recogida de basura no solo un trabajo, sino una forma de vida.
Mientras la ciudad duerme, a las tres de la madrugada, ya hay pasos firmes en las calles de Sancti Spíritus. Son los de Rolando Pino Borges, con casi tres décadas en el sector de Comunales y que ha hecho de la recogida de basura no solo un trabajo, sino una forma de vida.
Mientras otros descansan, él y su brigada se convierten en custodios de la limpieza que garantizan la higiene y la salud, aunque pocas veces reciben el reconocimiento que merecen.
Su historia es la de un hombre que convirtió un oficio en vocación y que, con disciplina y orgullo, mantiene limpia la urbe que lo vio crecer.
¿Cómo llega usted a trabajar como recolector de basura?
“Barría calles en el año 1996. Cuando se vació una plaza como recolector la pedí y me la dieron. Me gustaba ese oficio, me gusta este trabajo.
«Esto es la vida mía. Me puedo ir para cualquier lado, pero lo que me gusta es eliminar la suciedad en mi ciudad”.
¿Qué es lo que más valora de su trabajo?
“Que la ciudad permanezca limpia. Cuando trabajas en tu zona y te elogian porque hiciste un buen trabajo, te sientes satisfecho”.
¿Qué impacto tiene su labor en la salud y bienestar de la comunidad?
“Un impacto grandísimo. Mantener la ciudad limpia evita epidemias y enfermedades. Siempre que todo se mantenga como corresponde, estamos contribuyendo a la salud de los espirituanos”.
¿Qué pasaría si un día ustedes no trabajaran?
“Si no existieran los recolectores de basura, la ciudad se perdería. Tú recoges la basura y al rato aparece otra vez en cualquier esquina. Imagine si no estuviéramos nosotros”.
¿Cuál ha sido la situación más difícil que ha enfrentado en su labor?
“Cuando el ciclón Lili pasó cerca de Sancti Spíritus, tuvimos que trabajar prácticamente las 24 horas. Fue fuerte”,
¿Algún otro momento de peligro?
“Siempre nos enfrentamos al peligro, pero si se utilizan los medios de protección adecuadamente, no hay problema. Nunca he enfermado a causa de mi trabajo, hay que cuidarse. También he aprendido que la indisciplina social es grande: la gente vierte de todo, escombros, comida…”.

“Sí, creo que ahora sí. Cuando recorremos las calles, muchas veces nos ofrecen un refresco, un pan o un café. La gente agradece nuestro trabajo y hasta nos ayudan a subir las bolsas. Aunque no siempre, porque otros tiran desperdicios después que pasó el carro”.
¿Qué mensaje quisiera transmitir a quienes desconocen la importancia de su trabajo?
“Que valoren el trabajo de Comunales, que respeten los horarios y ciclos de recogida de basura para disfrutar de una ciudad más limpia”.
¿Cómo logra combinar su desempeño con la jefatura de brigada?
“El jefe de brigada trabaja junto a los recolectores. Si alguien se enferma o falta, yo lo sustituyo. No me gusta mandar y ya”.
¿Cómo quisiera que las personas recordaran su aporte?
“Ahora la mayoría nos respeta. Antes nos ofendían, pero eso ha cambiado. La gente reconoce lo que hacemos”.
La historia de Rolando es la de miles de trabajadores que, día tras día, se esfuerzan por mantener la limpieza y la salud de nuestras comunidades. Su labor comienza de madrugada y se extiende hasta que la ciudad respira nuevamente.
Son obreros invisibles que enfrentan ciclones, peligros y la indisciplina social, pero que nunca abandonan su compromiso.
Reconocerlos no es solo un gesto de gratitud: es entender que sin ellos, la vida citadina sería imposible. Rolando lo resume con sencillez: “Mientras pueda, seguiré trabajando como lo que soy: un recolector de basura.”
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