Venezuela bajo asedio imperial: la resistencia bolivariana frente al secuestro de su soberanía
Delcy Rodríguez, al frente de la soberanía venezolana. Foto: Luiz Rampelotto / EuropaNewswire / Legion-Media
En una escalada sin precedentes en los últimos meses, la administración actual de Estados Unidos desató una agresión militar abierta contra Venezuela, culminando en el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama, Cilia Flores, en una operación que no solo viola flagrantemente el derecho internacional, sino que desnuda con crudeza las verdaderas intenciones imperiales: el control de los recursos estratégicos del país suramericano y la imposición de un gobierno títere al servicio de los intereses corporativos de Washington.
La madrugada de este sábado, las ciudades de Caracas, Miranda, La Guaira y Aragua fueron bombardeadas por fuerzas aéreas estadounidenses, mientras un ciberataque orquestado por agencias de inteligencia norteamericanas dejaba sin electricidad amplias zonas de la capital para facilitar la incursión aérea. En medio del caos, fuerzas especiales de EE.UU. irrumpieron en territorio venezolano, detuvieron al jefe de Estado legítimamente electo y lo trasladaron —primero a la ilegal base de Guantánamo y luego al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn—, donde hoy permanece encarcelado junto a su esposa, acusado bajo cargos fabricados como parte de una estrategia judicial coercitiva tan utilizada por Washington contra líderes incómodos.
La fiscal general estadounidense, Pamela Bondi, no disimuló su retórica vengativa al anunciar que Maduro y Flores “pronto se enfrentarán a la ira de la justicia estadounidense”. Pero lo que realmente se enfrenta es al despojo de su soberanía, en un escenario que recuerda los peores episodios del colonialismo moderno disfrazado de “operación antinarcóticos”.
La voz de la resistencia: Delcy Rodríguez al frente
Ante este golpe de Estado híbrido, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela designó a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como encargada de la Presidencia. Con firmeza y dignidad, Rodríguez reafirmó que “hay un solo presidente en Venezuela, que se llama Nicolás Maduro Moros”, y exigió “la inmediata liberación” del mandatario y su esposa. En un mensaje histórico, la primera mujer en asumir la jefatura de Estado en Venezuela decretó estado de conmoción externa y llamó al pueblo a movilizarse en defensa de la patria.
“Jamás volveremos a ser esclavos, jamás volveremos a ser colonia”, declaró Rodríguez desde el Consejo de Defensa de la Nación, recordando las advertencias proféticas del comandante Hugo Chávez, quien ya en vida denunció los planes imperiales para desestabilizar Venezuela y apropiarse de su petróleo y minerales. Hoy, esas palabras resuenan con dolorosa actualidad.
Delcy Rodríguez, abogada, diplomática y figura clave de la Revolución Bolivariana, no es una improvisación. Desde sus inicios en los años 90, es una defensora incansable de la independencia nacional, enfrentando sanciones, embargos y campañas mediáticas. Su nombramiento no solo obedece a la legalidad constitucional, sino a una necesidad histórica: mantener viva la llama de la autodeterminación frente a la embestida más descarada del imperialismo en América Latina en el siglo XXI.
Washington reconoce sus intenciones: “Vamos a dirigir Venezuela”
El presidente estadounidense, Donald Trump, no oculta sus planes: “No podemos arriesgarnos a que alguien más tome el control de Venezuela”, afirmó, como si la nación bolivariana fuera un simple apéndice de la política exterior norteamericana. Trump incluso sugirió que Delcy Rodríguez —a quien reconoce como “presidenta” en un acto de cinismo geopolítico— ya habría manifestado su disposición a colaborar. Pero las palabras de la vicepresidenta venezolana desmienten esa narrativa: “Nosotros estamos listos para defender a Venezuela… Lo aprendimos del comandante Chávez frente a los golpes de Estado y los sabotajes petroleros”.
Mientras tanto, el secretario de Estado, Marco Rubio —figura clave en la política antivenezolana y anticubana durante años— es señalado por fuentes extraoficiales como el futuro «gobernador» de facto de Venezuela. Su mensaje es claro: “Si no toman las decisiones correctas, EE.UU. mantendrá múltiples palancas de influencia”, incluyendo el embargo petrolero que estrangula a la economía venezolana.
La Patria Grande en alerta
La agresión contra Venezuela no es solo un ataque a un país, sino a toda la América Latina y el Caribe. Como advirtió Delcy Rodríguez, “lo que hoy le hicieron a Venezuela, se lo pueden hacer a cualquiera”. En este sentido, la respuesta internacional ha sido contundente. Rusia condenó el ataque y reafirma el derecho de Venezuela a “decidir su propio destino sin intervención destructiva, y mucho menos militar”. Otros países de la región y del Sur Global también expresaron su rechazo, pero se requiere una movilización más firme, una unidad política y diplomática que impida que el imperialismo imponga su ley con bombas y celdas.
La batalla por el alma de América
Este momento histórico exige más que condenas: exige solidaridad activa, denuncia mediática rigurosa y estrategias multilaterales que defiendan el principio sagrado de la no intervención. Venezuela, con su riqueza petrolera, sus minerales estratégicos y su experiencia revolucionaria, representa un faro de resistencia frente al neoliberalismo y la dominación foránea.
La imagen de Maduro, cojeando y saludando en inglés a sus captores con un “feliz Año Nuevo”, es un símbolo desgarrador de la deshumanización del poder imperial. Pero también es un llamado a la conciencia colectiva: no permitiremos que la historia se repita. No permitiremos que la Patria de Bolívar sea colonizada de nuevo.
Mientras Delcy Rodríguez encabeza la defensa institucional y popular de la nación, el pueblo venezolano —“sabio, paciente y con paciencia estratégica”, como ella misma lo ha descrito— se prepara para escribir un nuevo capítulo de dignidad. Porque en Venezuela, como en toda América Latina, la lucha por la soberanía no es una opción: es una obligación histórica, y en Cuba lo sabemos bien.
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