Sancti Spíritus: Crónica de la vida que se abrió paso en 2025
En el servicio provincial de Neonatología de Sancti Spíritus no solo se salvan vidas, también se aprenden lecciones. Foto: Yosdany Morejón
El 2025 quedará inscrito en la memoria de Sancti Spíritus como un año de batallas decisivas. No se trata de números administrativos ni informes técnicos, sino de historias humanas llevadas al límite: vidas particulares enfrentadas con diagnósticos complejos, familias cuya cotidianeidad quedó definida por guardias hospitalarias y equipos clínicos que desafiaron carencias, pronósticos y relojes biológicos.
Este reportaje resume cuatro casos que fueron emblema del año: el de los gemelos que lucharon por vivir, el pequeño Lian Ernesto Forteza Perdomo, Ashley, protagonista de un milagro médico, y Geidy Santiago Calzada, símbolo de recuperación prolongada.
Cada uno es una ventana distinta hacia la complejidad del sistema de salud, pero todos comparten un mismo hilo: la vida como proyecto que se conquista día a día.

El embarazo de Yorlennis Durán Rodríguez se siguió de cerca desde las primeras semanas. Foto: Cortesía del Servicio de Neonatología de Sancti Spíritus
Cuando la supervivencia se vuelve identidad
En el inicio de julio, los hospitales espirituanos fueron escenario de una de las pruebas más exigentes del año. El embarazo de Yorlennis Durán Rodríguez se siguió de cerca desde las primeras semanas. Los ultrasonidos confirmaron lo que parecía una doble alegría, pero los médicos fueron prudentes: “Es un embarazo monocoriónico, hay que vigilarlos con cuidado.”
Cuando los gemelos nacieron por cesárea, el reloj ya contaba en contra. Aron, el receptor, pesó 2 160 gramos y presentaba signos de sobrecarga circulatoria; Ander, el donante, apenas 1 286 gramos y su respiración era débil.
Y es que estos gemelos idénticos nacieron en circunstancias extremas: uno, el donante y el otro, receptor de la mayor parte de la circulación placentaria del embarazo compartido. Desde sus primeras horas, los médicos enfrentaron complicaciones mayores asociadas al Síndrome de Transfusión Feto-Fetal.

Durante los primeros días, el bebé donante sobrevivió sostenido por tubos, máquinas y la obstinación de un equipo que se negaba a rendirse. Foto: Yosdany Morejón
Durante los primeros días, el bebé “donante” sobrevivió sostenido por tubos, máquinas y la obstinación de un equipo que se negaba a rendirse. Fue entonces cuando surgió un nuevo obstáculo porque el abdomen comenzó a distenderse y la piel cambió de color.
Los exámenes confirmaron entonces lo que se temía: una enterocolitis necrotizante (ECN) derivó en una perforación intestinal que, a su vez, puede desencadenar peritonitis, sepsis, shock y muerte. O se operaba de inmediato o Ander perdía la vida.
Finalmente, la cirugía fue un éxito sin precedentes.
La historia de ambos no fue una sola victoria unívoca, sino una sucesión de pequeñas conquistas: una saturación de oxígeno que se estabiliza, un ritmo cardíaco que responde, una tarde sin crisis. Para la provincia, Aron y Ander representaron el pulso de la medicina abierta a la vida incluso cuando todo parece adverso.
La pediatría en su punto más alto de tensión
En la sala de Hematonefrología del Hospital Pediátrico Provincial José Martí, de Sancti Spíritus, el niño Lian Ernesto Forteza Perdomo libró, en febrero pasado, batallas que aun parecen mayores que él.
La historia comenzó antes de nacer. A las 24 semanas de embarazo, los médicos diagnosticaron una cardiopatía congénita: coartación de la aorta. La noticia cayó como un mazazo en medio de la adolescencia de su madre Ana Laura, entonces estudiante de la Escuela de Profesores de Educación Física (EPEF) de Sancti Spíritus.

A las 24 semanas de embarazo, los médicos diagnosticaron una cardiopatía congénita consistente en una coartación de la aorta. Foto: Yosdany Morejón
Desde su ingreso, el equipo se enfrentó a la delicadeza extrema de operar sobre un corazón inmaduro y vulnerable, en el que cada intervención requería precisión y atención quirúrgica altamente sincronizada. Las memorias de guardias largas y decisiones críticas surgieron como partes de un propósito mayor: asegurar que la vida de Lian Ernesto tuviera una oportunidad real de avance.
La familia, sometida al mismo vaivén de noticias clínicas, describió sus jornadas como una sucesión de picos emocionales: angustia, esperanza, incertidumbre y, finalmente, alivio progresivo. Que este pequeño haya llegado a un estado estable es interpretado por los médicos no solo como un resultado técnico, sino como un triunfo colectivo de coordinación y entrega profesional.
Después de meses de hospitalización, Lian Ernesto recibió el alta médica. En su área de Salud le dieron la bienvenida y continúan el seguimiento. Su evolución futura depende de terapias, controles y del amor incondicional de una familia que lo ha acompañado desde el primer suspiro.

Si algo ha sostenido a Ana Laura, además de la fe en su hijo, ha sido la red de afectos que encontró en el hospital espirituano. Foto: Yosdany Morejón
Cuando lo imposible cambia de significado
En el municipio de Cabaiguán, el caso de Ashly Daniela, quien enfrenta el síndrome de Moebius —un trastorno neurológico raro que afecta la movilidad facial y motora— se convirtió en un referente de perseverancia médica en 2025.
La bebé llegó a este mundo con una condición congénita de prevalencia estimada en 1 por cada 500 000 recién nacidos en el mundo que se caracteriza por parálisis de los nervios craneales VI y VII que afecta la expresión facial, la movilidad ocular lateral y complica la deglución y respiración.

Malena y Jean Carlos Albóndiga Sotolongo se convirtieron en vigías incansables junto a la camilla de su pequeña hija. Foto: Yosdany Morejón
De tal suerte Ashley se convirtió en una habitante frecuente de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), enfrentándose a neumonías graves y al peligro constante de la broncoaspiración, consecuencia de las dificultades para deglutir propias de un síndrome como este.
Como es de esperarse, no se trató únicamente de tratar síntomas, sino de activar un enfoque multidisciplinario capaz de acompañar el desarrollo de Ashley con intervenciones que iban desde cuidados intensivos hasta estrategias terapéuticas más amplias. La atención sostenida, las consultas periódicas y la inclusión de terapias especializadas marcaron cada etapa de este proceso.
Ashley no fue un caso aislado, sino el más singular de la provincia este año: el único caso con síndrome de Moebius registrado en el territorio que exigió actualización de protocolos y un despliegue de creatividad clínica y compromiso.
Su evolución —lenta, no exenta de retrocesos, pero constante— elevó los protocolos médicos de la provincia hacia una comprensión más profunda del potencial de la atención continua y personalizada.
La recuperación como proceso, no como final
Si el caso de Ashley destacó por la rareza diagnóstica, el de Geidy Santiago Calzada, una adolescente trinitaria de 16 años, lo hizo por la forma en que transformó el cuidado clínico en un proyecto de largo aliento.
A Geidy Santiago Calzada, una adolescente trinitaria de 16 años, le cambió abruptamente la rutina cuando, en febrero de 2025, le fue diagnosticado un tumor gigante en su ovario derecho.

El quiste de Geidy tenía dimensiones casi descomunales. Foto: Cortesía del pediátrico espirituano
El quiste de dimensiones casi descomunales, cuya presencia en pacientes pediátricos resulta tan inusual como inquietante, se erguía como sombra amenazante sobre su futuro.
El cuadro clínico de Geidy era preocupante. Su abdomen, progresivamente abultado, semejaba un embarazo avanzado. Este aumento de volumen iba acompañado de várices visibles en sus piernas, un incremento notorio en su peso y una taquicardia persistente que aceleraba el pulso, signos que hacían eco de la presión interna ejercida por el quiste.
Por fortuna, los profesionales del Pediátrico José Martí coordinaron una estrategia integral que combinó tratamiento quirúrgico con acompañamiento psicológico y educativo.
El éxito de la operación fue un triunfo no solo técnico, sino también emocional; los padres de Geidy, quienes habían acompañado a su hija en este arduo camino, expresaron una gratitud inmensa que se palpaba en cada rincón del hospital. Sus rostros, marcados por la preocupación y la incertidumbre de los días previos, se iluminaron al recibir la noticia de que el procedimiento había sido exitoso.
El renacer de Geidy fue, por tanto, una reconstrucción de su cotidianidad: volver a caminar, retomar estudios, reestablecer vínculos con su entorno social. Esa reconstrucción fue también un ejercicio de colaboración profesional que colocó la mirada en la persona completa, no solo en la lesión física.
Epílogo
Al cerrar 2025, Sancti Spíritus no exhibe triunfalismos, sino certezas ganadas con esfuerzo. Las historias de Aron y Ander, Lian Ernesto, Ashley y Geidy —cada una con un diagnóstico peculiar y una trayectoria única— representan líneas convergentes de una misma narrativa: la de una provincia donde la complejidad médica no paraliza, sino que convoca, une y eleva.
Este resumen anual no clausura las historias; las mantiene abiertas como referencia para el futuro, porque si algo demostró el 2025 es que, en Sancti Spíritus, la complejidad médica no detiene la vida: la desafía y la acompaña hasta donde pueda crecer.
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