El temperamento es la base innata de la personalidad, un conjunto de rasgos emocionales y conductuales que determinan cómo reaccionamos ante el mundo. Está ligado a factores biológicos y genéticos, se manifiesta desde la infancia y permanece relativamente estable a lo largo de la vida. A diferencia del carácter, que se forma con la educación y la experiencia, el temperamento marca la intensidad de nuestras emociones, el ritmo de nuestras acciones y la manera espontánea de relacionarnos con los demás, siendo el punto de partida sobre el cual se construye la personalidad completa.