La Luna, con su ciclo de aproximadamente 29 días, ha sido observada desde tiempos antiguos como un reloj natural que marca ritmos en la vida y la cultura humana. Sus fases —luna nueva, cuarto creciente, luna llena y cuarto menguante— no solo regulan fenómenos astronómicos y naturales, sino que también han inspirado creencias, rituales y prácticas cotidianas en distintas culturas.