¿Por qué Raúl casi no puede participar en las acciones del 26 de julio?
Raúl junto a otros detenidos por los sucesos del Moncada.
Durante los días previos al 26 de julio de 1953, Raúl Castro estaba sujeto a la medida judicial de libertad provisional. Contra él, el Tribunal de Urgencia de La Habana había radicado la Causa 412/1953, abierta el 9 de junio de ese año, por el delito de desorden público, indican fuentes consultadas; otras sostienen que por el de posesión de propaganda comunista. En realidad, el delito específico que le imputaban no hacía la diferencia.
Sí constituye una verdad irrefutable que el periódico Hoy, del Partido Socialista Popular, publicó en la portada de la edición del 9 de junio: “Detienen y golpean al estudiante Raúl Castro”. En concreto, permanecía preso en el Vivac, localizado en el Castillo del Príncipe, desde la madrugada del 7 de junio; en la noche anterior había arribado por el puerto de La Habana a bordo del buque Andrea Gritti, luego de visitar varios países de Europa y América Latina.
Antes, en febrero, salió hacia Viena, Austria, al frente de la delegación cubana a la Conferencia Internacional sobre los Derechos de la Juventud,celebrada en marzo. A seguidas, asistió en Bucarest, Rumanía, a la sesión del Comité Internacional Preparatorio del IV Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.
De suelo rumano, pasó a Praga, Checoslovaquia, y más tarde a París, Francia, donde tenía reservado pasaje para trasladarse a Cuba; propósito frustrado debido a una huelga de los portuarios. En compañía de los jóvenes guatemaltecos Bernardo Lemus Mendoza y Ricardo Ramírez de León, tomó un tren rumbo a Génova, Italia, donde alcanzó boleto para el buque Andrea Gritti, a bordo del cual conoció al joven soviético Nikolái Leónov. Escalas en Nápoles, Curazao, Venezuela… Cuando el barco enfiló hacia la bahía de La Habana, intentó fotografiar la ciudad con sus ojos; ojos que lentamente se fueron poblando de cocuyos citadinos. Era la noche del 6 de junio.
Sin contratiempos, Raúl venció los trámites aduanales. Mientras buscaba un taxi, volvió sobre sus pasos; sus compañeros guatemaltecos enfrentaban un percance: en sus equipajes, las autoridades hallaron literatura, que clasificaron como subversiva. Resurgía la Santa Inquisición. Al mediar Raúl a favor de sus colegas de viaje, también le revisaron las dos maletas. Dentro, publicaciones, documentos, entintados de comunismo. Los tres: Raúl y los dos guatemaltecos, al Buró de Investigaciones; y, de ahí, directo al Vivac.
Gracias a la actuación de Fidel como abogado defensor, un juez ordenó la libertad provisional de su hermano; o sea, vísperas del 26 de julio Raúl tenía pendiente las vistas orales del proceso penal seguido en su contra. Si se hubiese celebrado el juicio y Raúl, condenado, no hubiera estado, ahora mismo, encima del tren de la ruta La Habana-Santiago de Cuba, aquella serpiente de hierro, que se deslizaba con más o menos cautela sobre los raíles de sólido acero, en busca de Santiago. Era el 25 de julio de 1953.
FUENTES: El Moncada, la respuesta necesaria (Mario Mencía) y Revista Verde Olivo (edición especial dedicada a Raúl Castro)
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