Huelga vive en el corazón de la pelota espirituana
José Antonio Huelga y el número 1 en la espalda de su traje ya no volverá a lanzar. Desde hace 48 años, un 4 de julio de 1974, en un mortal accidente de tránsito en la carretera del Wajay perdía la vida cuando las hojas del almanaque sólo le habían arrancado 26 calendas griegas.
Hace dos años Huelga volvió a ser noticia en los anales del deporte de las bolas y los strikes, al convertirse ahora en el único espirituano que trasciende al Salón de la Fama del estadio Palmar de Junco, suceso acontecido el 6 de febrero del 2020. Su vida como lanzador se rememora en la placa, que está ahora, junto a grandes luminarias del deporte de las bolas y los strikes exaltados en la cuarta ceremonia oficial.
Pocos serpentineros, para no pecar de absoluto, hicieron tantas cosas en tan corto tiempo, como este astro del montículo nacido en el central Melanio Hernández, de Tuinicú, Sancti Spíritus, el 14 de marzo de 1948.\
Huelga fue la primera gran estrella surgida al calor de las series nacionales que desapareció físicamente y uno de los tantos famosos que en cualquier parte del planeta se marcharon hacia la vida eterna prematuramente de un modo trágico.
A pesar de su paso fugaz por este mundo, en apenas siete años, pocos serpentineros en el período revolucionario hicieron tantas cosas en tan escaso tiempo como José Antonio Huelga. Su nombre estuvo ligado a una buena cantidad de momentos cumbre de nuestra pelota.
En 48 horas, primero como abridor contra el fenomenal Burt Hooton, y luego en funciones de relevista, derrotó dos veces a los Estados Unidos en el play off decisivo de la cita del orbe de 1970, por lo cual fue catalogado por Fidel Castro Ruz como el Héroe de Cartagena. Este desempeño influyó notablemente en su designación como Atleta del Año en Cuba y su inclusión en la decena de los mejores de Latinoamérica.
Una tercera victoria, 4 a 3, a costa de los estadounidenses, se apuntó en los Juegos Panamericanos de Cali 1971. Ese mismo año dejó en dos jits a la Selección de Estrellas que enfrentó a Cuba en la clausura del certamen efectuado en nuestro país.
En campeonatos de casa ganó los partidos que le dieron a los Azucareros —representantes de la antigua provincia de Las Villas— el título en las campañas de 1968-1969 y 1972, y salvó el encuentro decisivo de la Serie de los 10 Millones en 1970.
También le propinó a Granjeros el sexto juego de cero jits cero carreras en nuestros clásicos beisboleros y trabajó durante 20 entradas frente a Occidentales en la I Serie de Estrellas 1968.
Resulta curioso que con excepción de la Serie de los 10 Millones en la que terminó al frente de los juegos salvados, el astro espirituano nunca lideró un casillero en los campeonatos nacionales; sin embargo, casi siempre estuvo entre los primeros en efectividad.
Solo en dos temporadas, la de 1966-1967 y 1968-1969 no trabajó para menos de dos en el promedio de carreras limpias y junto a José Ibar y Pedro Luis Lazo forma parte del trío de catapulteros que ha conquistado 15 o más éxitos en un par de certámenes.
Si en el historial de por vida como lanzador de Huelga se incluyeran las estadísticas de 13 partidos correspondientes a series extras para decidir campeonatos que no estaban compiladas en su actuación desde el box, al sumarles su actuación contra Mineros en el play off de 1972, los números de Huelga se tornaran todavía más impresionantes en sus siete participaciones en las contiendas del patio.
Así, en el expediente beisbolero de José Antonio aparece ahora un balance de 74 triunfos y 32 descalabros y un promedio de carreras limpias de 1.48, el mejor entre los tiradores que han desfilado por el montículo en el período revolucionario.
Los rivales le batearon para un anémico average de 180, aspecto en que únicamente es superado por el supersónico Maels Rodríguez Corrales, a quien en seis justas los adversarios le promediaron 177.
Otro dato asombroso es que en 881 entradas y un tercio solo toleró 9 conexiones de vuelta completa. Habrá alguien que pueda objetar que aquella fue una época diferente, que nunca enfrentó el bate de aluminio, pero más allá de la polémica nada podrá opacar la grandeza de las hazañas de este hombre que a pesar de su paso fugaz por la vida, como confesó otro grande, como el trinitario Antonio Muñoz, por su calidad humana y deportiva siempre le hizo honor al número que llevaba en el uniforme: el 1.
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