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24 de febrero de 1895: Lo que nos recuerda el Grito de Baire

24 de febrero de 1895: Lo que nos recuerda el Grito de Baire

El 24 de febrero de 1895, en el poblado de Baire, se escuchó un grito que resonó más allá de sus límites geográficos: el llamado a la independencia definitiva de Cuba. Ese día, conocido como el Grito de Baire, marcó el reinicio de la Guerra de Independencia, la última y más decisiva de las contiendas contra el dominio colonial español.

Tras el fracaso de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y la breve Guerra Chiquita (1879-1880), la causa independentista parecía debilitada. Sin embargo, la labor incansable de José Martí y otros patriotas en el exilio logró articular un nuevo proyecto revolucionario. Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, con el objetivo de organizar la lucha y evitar los errores del pasado. El 24 de febrero de 1895, bajo su dirección, se produjo el levantamiento simultáneo en varias regiones de la isla.

El Grito de Baire no fue simplemente el inicio de una guerra. Representó la maduración de la conciencia nacional. En él se sintetizaban las aspiraciones de libertad, justicia social y soberanía que habían germinado durante décadas de resistencia. Fue la expresión de un pueblo que, a pesar de las derrotas anteriores, se negaba a aceptar la dominación extranjera y estaba dispuesto a sacrificarse por la independencia.

Este acontecimiento también demostró la capacidad de los cubanos para organizarse y superar divisiones internas. Martí insistía en que la lucha debía ser inclusiva, que enrolara a blancos y negros, campesinos y obreros, intelectuales y militares. El Grito de Baire fue, en ese sentido, un acto de unidad.

La Guerra de Independencia culminó en 1898 con la derrota de España, aunque la intervención de Estados Unidos impidió que Cuba alcanzara una independencia plena en ese momento. Sin embargo, el Grito de Baire devino símbolo de la voluntad de los cubanos de decidir su destino.

En la Cuba contemporánea, el Grito de Baire se recuerda como un hito fundacional. Su espíritu se refleja en la defensa de la soberanía, en la afirmación de la cultura propia y en la resistencia frente a cualquier forma de dominación externa. Es un recordatorio de que la identidad cubana se forjó en la lucha, en la capacidad de un pueblo de levantarse una y otra vez frente a la adversidad.

Hoy, más de un siglo después, el Grito de Baire sigue siendo una fuente de inspiración. Nos recuerda que la nación cubana no nació de concesiones, sino de sacrificios y de la firme decisión de ser libres. La identidad nacional se nutre de esa memoria histórica, que nos invita a valorar la soberanía como un bien supremo y a defenderla con dignidad.

El 24 de febrero no es una fecha más en el calendario. Su eco aún resuena en la memoria colectiva, recordándonos que la independencia y la identidad nacional son conquistas que deben cuidarse y renovarse constantemente. En cada 24 de febrero, Cuba celebra no solo el inicio de una guerra, sino la afirmación de su espíritu indoblegable y su vocación de libertad.

Fuentes: Periódico Escambray, Periódico Granma, Cubadebate

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