Los tentáculos del bloqueo se extienden por todas partes, están sedientos de muerte. No importan inocencias, ni corazones con apenas tres meses de vida. Hay que truncar sueños y provocar, por ejemplo, que la atención a niños cardiópatas cubanos se vea debilitada por la falta de insumos para un correcto tratamiento.
Este engendro diabólico es el mismo que impide comprar medicamentos y equipos de alta tecnología en los
Estados Unidos , principal productor de calidad de esos renglones y donde se podrían adquirir con rapidez y menor costo de transportación.
La falta del llamado Prostin, un medicamento que se extrae de las algas marinas del sur de California ha puesto en peligro la vida de recién nacidos con cardiopatías críticas. De poder adquirirse en el propio
Estados Unidos , este podría costar de 45 a 50 dólares el ámpula. En estos momentos el Estado cubano lo compra a más de 100 dólares en otros mercados.
Las intervenciones quirúrgicas de mínimo acceso también se ven limitadas por la falta de catéteres y dispositivos especiales que la firma estadounidense NUMED dejó de vender a la isla.
En una franca violación de la ética médica internacional y de la Convención de las
Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, celebrada en 1989, el cerco financiero, comercial y económico prohíbe la compra de equipos médicos y otras tecnologías modernas de uso común en la Cardiología y Cirugía Cardiovascular actuales.
Pese a todas estas limitaciones desde el año 1986, cuando se crea la Red Cardiopediátrica Nacional, única de su tipo en
América Latina , la provincia de
Sancti Spíritus ha logrado incorporar a la vida útil a cientos de niños con afecciones cardiovasculares, algunos con una edad superior a los 20 años en estos momentos.
La Sala de Terapia Intensiva del Hospital Pediátrico
José Martí Pérez y la de Neonatología del Materno Provincial son las unidades encargadas de la atención directa a infantes con padecimientos cardiovasculares complejos y están dotadas de equipos de electrocardiografía, ultrasonido y otras tecnologías introducidas gracias al Programa
Revolución en la Salud.
En el país nacen cada año entre 800 y 900 niños cardiópatas y todos necesitan tratamiento, procederes investigativos y quirúrgicos. ¿Cuánto debe haber influido en ellos este bloqueo?
Si depende de los creadores de este engendro diabólico, la respuesta quedaría colgada en cualquier rincón oscuro de este mundo donde la insensibilidad alimenta las vilezas.