La Revolución amanece también en mayo


En cada barrio se multiplicaron las iniciativas para la conmemoración. Foto: Oscar Alfonso Sosa.
En cada barrio se multiplicaron las iniciativas para la conmemoración. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

No hubo el desfile casi eterno del pueblo frente al Mayor General de las tres guerras en la Plaza de su Revolución, antes mambisa, hoy fidelista.

Extrañamos al hijo a horcajadas sobre los hombros del padre, la inmensa bandera cubana ondeando al compás de la marcha, las palmas reales erguidas y vigilantes a los lados de la explanada. Extrañamos la conga con el repicar de tambores y la trompeta anunciando que Yayabo está en la calle en el día más proletario.

La celebración del Primero de Mayo no pudo ser como siempre, pero fue. Es sabido que la COVID-19 dictó la última palabra e impuso el aislamiento social. Aun así, mi casa, tu casa, sirvieron de plaza, porque siempre habrá un pedazo de cielo azul al cual aferrarse, aunque haya tormenta.

Casas adentro, reverenciamos a quienes vinieron a darle un beso al mundo y nada más, y permanecen en las zonas rojas, en este o aquel país cosechando más que gratitudes. Bien saben ellos, como alguien dijo, que allí donde está el peligro, está, también, lo que salva.

Casas adentro, celebramos las vidas arrancadas a la muerte, la pasión de los maestros que desde sus hogares se las ingenian para llevar de la mano a sus alumnos, pese a la distancia; celebramos la molida enorme de los azucareros espirituanos, lograda a fuerza de bravura y a filo de mocha.

En fin, valga cada acto generoso, venga de este oficio o de aquella profesión, que busque salvar a Cuba y su gente; salvarlos, incluso, de tanto hostigamiento económico y bombardeo mediático, venidos del “Norte revuelto y brutal” que nos desprecia, como hace 125 años lo alertara el Maestro Martí.

Y su mejor discípulo, el guerrillero que bajó de la Sierra y que nunca dejó de serlo, este viernes quebró el silencio del cedro que lo arropa en la siempre heroica Santiago para vestir de nuevo el traje de verde olivo, y recordarnos que la Revolución, que somos todos, amanece también cada mayo proletario.


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