En este hogar varios niños forman parte del elenco artístico, aquí cantan, bailan y son felices. Foto: Oscar Salabarría.

En este hogar varios niños forman parte del elenco artístico, aquí cantan, bailan y son felices. Foto: Oscar Salabarría.

Nunca pensé oírlos cantar. Al escuchar el sonido de las claves pude descubrir la grandeza de sus almas. Pocos cantan con tanta naturalidad. Solo ellos emocionan con su voz sin ser cantantes famosos.

En el Centro Médico Psicopedagógico Reparador de Sueños, de Sancti Spíritus, las miradas son inocentes, las sonrisas son espontáneas y las palabras, aunque muchas de ellas no se entiendan con claridad son sinceras y especiales, especiales como cada uno de ellos. En este lugar las diferencias no existen y los sueños imposibles son reparados con amor y paciencia.

Desde la entrada hasta los rincones más pequeños el centro es un hogar, un refugio para los 98 pacientes internos y los 31 seminternos, procedentes de Sancti Spíritus, Villa Clara y Ciego de Ávila. Aquí, encuentran amigos y también otra familia. Aquí, ellos son lo más importante y el objetivo es enseñarles el sentido de lo útil y poner en sus labios la luz de la sonrisa.

REPARADORES DE SUEÑOS HACEN SU TAREA MEJOR

Los pacientes están ubicados en diferentes aulas según los niveles de aprendizaje. Foto: Oscar Salabarría.

Los pacientes están ubicados en diferentes aulas según los niveles de aprendizaje. Foto: Oscar Salabarría.

El comienzo como directora del centro no fue fácil para la especialista en Medicina General Integral, Ivonne Suárez Leal; pero la convivencia diaria la hizo sentirse madre y amiga.

“Para poder brindar atención integral a los pacientes —afirma Suárez Leal— contamos con un equipo multidisciplinario. Según los niveles de aprendizaje que ellos tengan es que los vamos insertando. Tenemos niños de todas las edades. Le decimos niños porque la edad cronológica que llegan alcanzar es prácticamente la edad de un niño, aunque tengan 50 años. Ellos no pueden pasar al hogar de ancianos así no tengan familia porque como tienen este tipo de discapacidad en el hogar de ancianos no pueden estar y nosotros los tenemos aquíˮ.

Con lágrimas en sus ojos Ana Beatriz Ramírez Gutiérrez, defectóloga del centro por más de 15 años, confesó que estos niños son parte su vida, sin ellos todo sería muy diferente.

“Los niños en la parte docente—apunta Ramírez Gutiérrez— están divididos por niveles de enseñanza. Confeccionan alfombras, motas, sobres de pagos y medicamentos. Se preparan para la vida diaria. Escogen arroz, saben utilizar los cubiertos, poner una mesa, tender la camaˮ.

En el aula de música ensayan los diferentes números artísticos con las instructoras de arte. Foto: Oscar Salabarría.

En el aula de música ensayan los diferentes números artísticos con las instructoras de arte. Foto: Oscar Salabarría.

Ana Beatriz reconoce que en ocasiones estos niños la dejan sin palabras con un simple gesto. Verlos felices mientras cantan o bailan es para ella el fruto del trabajo de muchos años.

Para Araisis Pedraza Núñez, psicóloga del Centro Médico, el comenzar el trabajo con pacientes con retraso mental severo o profundo dio a su vida un giro total que hoy agradece.

“El trabajo con los pacientes —dice Araisis— va perfilado en primer lugar a la familia para brindarle una mejor educación en cuanto al cuidado que deben tener con los pacientes. En el caso de los niños con Síndrome de Down pueden tener otras patologías asociadas que van a contribuir a su deterioro”.

Durante 27 años en el Centro Médico Psicopedagógico Reparador de Sueños más de 160 trabajadores, ubicados en diferentes áreas y funciones, cuidan con esmero a los 129 niños acogidos en este hogar.

UNA REALIDAD DIFERENTE

En el aula los niños confeccionan alfombras, motas, sobres de pago y medicamentos. Foto: Oscar Salabarría.

En el aula los niños confeccionan alfombras, motas, sobres de pago y medicamentos. Foto: Oscar Salabarría.

Ellos no son diferentes, son especiales. Aquí todos tienen un comienzo y un lamentable retroceso. Aquí no son una carga, son personas que tocan lo más profundo del corazón con una simple palabra, con una caricia verdadera.

A Yosver le gusta cantar. Con picardía en sus ojos confiesa que cuando vea al presidente Díaz-Canel le va a pedir una guagua. Sonríe y no demora en justificar su petición.

Es que…está mala…cayéndose el, el…techo.

Por último, le pido que cante una canción. Se queda pensativo durante unos segundos. De repente, me mira y recita con fuerza el verso martiano Cultivo Una Rosa Blanca. Termina casi sin aliento. Yosver, sin saberlo, es un gran poeta.

En la sala de fisioterapia los niños reciben una atención especializada de acuerdo con sus patologías. Foto: Oscar Salabarría.

En la sala de fisioterapia los niños reciben una atención especializada de acuerdo con sus patologías. Foto: Oscar Salabarría.

Mariuska y Kalier se conocieron en el centro cuando eran apenas unos niños. Ella es cariñosa. Llama mamá a la directora, a la defectóloga y a la psicóloga, quienes en varias ocasiones le han tenido que dar la comida como una niña pequeña. A él le encanta bailar y pintar. Tiene medallas de bronce, plata y oro en eventos de natación. Me sorprendió cuando señaló una foto del Comandante Fidel y dijo que era su papá. Tocó mi mano. Expresó que el que estaba en la otra foto era el hermano de Fidel, Raúl. En ese momento me dejó sin palabras.

Ricardo, Toni, Adrián son otros de los tantos nombres. Tienen diferentes historias, pero sus vidas se cruzaron aquí donde se sienten útiles, donde son felices.

Desde las afueras de la ciudad del Yayabo, en un acogedor centro, eternos niños construyen una realidad diferente. Ellos no conocen la maldad porque son cómplices de la inocencia. Nunca mienten, sus palabras son sinceras.

Entre aplausos y sonrisas los niños disfrutan de las actuaciones. Foto: Oscar Salabarría.

Entre aplausos y sonrisas los niños disfrutan de las actuaciones. Foto: Oscar Salabarría.

Tienen tantas ilusiones y esperanzas que no le temen al fracaso.

El brillo de sus ojos delata naturalidad. Son seres humanos que siempre tendrán a su lado una personita feliz, un reparador de sueños.

Nileyam Pérez Franco* y José Lázaro Peña Herrera*

Artículo publicado en: Sugerencia