Nolbys se considera una madre más de sus pequeños pacientes. Foto: Alexey Mompeller Lorenzo.

Nolbys se considera una madre más de sus pequeños pacientes. Foto: Alexey Mompeller Lorenzo.

No es la madre que tal vez soñó en los juegos de infancia cuando con batas largas y jeringuillas despuntaba como la doctora en que se convirtió. Para Nolbys  Caridad Torres Guevara sus sobrinas adoptivas han sido las hijas que el destino no le regaló; mas a otras cunas han llegado sus  nanas y el cuidado de esta Especialista de Segundo Grado en Pediatría.

“Si algo me reconforta es que los mismos niños digan, mira ella me atendió. Tengo muchos sobrinos postizos y por suerte una de las más apegadas me dio un nieto que me hace vivir. Siento una pasión por la infancia, una etapa de la vida que me regocija. Los niños son indefensos y su alegría contagia, hace cambiar lo inimaginable”.

Desde la facultad siempre sintió el deseo de auscultar  sonrisas y hasta de llevarse las malas caras de los niños que miran de reojo a las doctoras. Aún con la mochila a cuestas comenzó la residencia vía directa.

¿La profesión la eligió a usted o sucedió a la inversa?

“Mi mamá era brigadista sanitaria. Desde pequeña me inculcó a hacer el bien y mitigar el dolor. Opté entonces por la medicina”.

¿Cuál es el mejor espacio para Nolbys, su casa o un hospital?

“Vivir en Cabaiguán. Ahora mismo desempeño una función de asesora metodológica de un proceso docente-educativo pero también ocupo mi espacio en consultas en la atención primaria de salud y cada vez que el tiempo me lo permite regreso al Hospital Materno Infantil del municipio. Además mi casa está abierta a todos”.

¿Su casa es un consultorio?

En tono de risa asiente con su respuesta. “Sí, así me dicen algunos compañeros de trabajo. Con el favor de mi familia atiendo al que llega y solicita de mi ayuda”.

Habla de Cabaiguán como un punto neutral para desempeñarse personal y profesionalmente, pero por cuestiones de trabajo permaneció ausente de su pueblo.

“Cumplí una misión de colaboración internacionalista en Guinea Ecuatorial del 2006 al 2008. Allá mi casa fue un centro asistencial porque me voceaban del primer piso: -Nolbys, puedo llegar-.

“En África la situación de salud es diferente a la nuestra. Resulta bien difícil ver partir a un niño con tan solo unos meses de nacido con afecciones que nunca pensé esperar, que solo leí en los textos. No estoy preparada para enfrentar otro retro como ese porque fue duro ver cuando indicas un medicamento y la familia no tiene el dinero”.

De su estancia en África durante 18 meses trajo el dolor pero también la satisfacción de  recetar las dosis apropiadas de solidaridad cubana, allí donde entre tantas carencias se sintió la entrega de una mujer cabaiguanense.

“Para hacer la profesión de médico y de pediatra, especialmente, tienes que cumplir con el principio de solidaridad y la humanidad por encima de todo”.

¿Cómo llenaba esas ausencias?

“Entraba a un sitio en Internet y me acercaba a los lugares por medio de la tecnología. Aunque visité la Terminal Intermunicipal de Ómnibus, no pude llegar a mi casa. El día que a Cabaiguán le dieron la sede del acto provincial por el 26 de Julio aquello fue reconfortante”.

Pudiera llamarla la Dama de Hierro porque a primera vista su carácter intimida. Quienes conocen a Nolbys saben que este calificativo no rima con su personalidad, menos ella una consagrada a su carrera por casi tres décadas, al estudio; y lo demuestra su grado de Máster en Atención Infantil al Niño, la categoría de profesora auxiliar  y de investigadora agregada. Una fémina hecha ciencia y virtud,  fundadora del Programa el Médico y la Enfermera de la Familia en el municipio.

“En cada momento tienes que ejercer tu función. Dicen las personas que me notan fuerte y cuando me ven frente al aula cambian de idea, alegan que soy sensible. Impartir clases, aunque lleves 25 años de experiencia es un reto. Igual pasa en una consulta o en un cuerpo de guardia. No sabes a qué te enfrentarás y siempre haya que estar preparado. Nunca creo que lo sé todo y si tengo que pedir ayuda lo hago”.

A la hora de conjugar todas las virtudes  de Nolbys, ¿cuál de ellas sobresale entre todas?

“Ser mujer es una condición especial que te da la vida. Tienes que saber sobrellevar todas las cosas, atender a tu familia algo a lo que le doy muchísimo valor porque ha sido el sostén que me ha permitido alcanzar las metas y de los sueños que todavía pretendo alcanzar”.

“Soy del criterio de las que no se jubilan. Coger la cartera, pintarme los labios y salir al trabajo o a cualquier lugar no es ningún sacrificio. Claro, hay que darle paso a los jóvenes  pero por ahora no veo la jubilación y menos con 52 años de edad.

Nolbys la pediatra, así la presentan los pacientes que crecieron en las consultas. Sus apellidos solo constan en documentos oficiales, basta con verla en su bicicleta, toda temperamento en la carretera y bondad en los hospitales. Ella es el mejor remedio para curar a un niño.

 

Artículo publicado en: Sancti Spíritus