Margarita de la montaña

Margarita ha llevado casi todo una vida entre cafetales. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Margarita ha llevado casi todo una vida entre cafetales. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

La lluvia descansa; la mujer se enfunda en su vestimenta; abre la puerta y emprende el rumbo, loma arriba. Cuando llega allí, a su cafetal, en Río Arriba, en el lomerío de El Pedrero, en Fomento y abrió los ojos, ella Margarita Cabrera, sintió en aquel entorno un quejido vivo, un lamento que le arrancó el alma.

De sus cafetos preñados y de los paridos quedaban los sueños que solo hacía unas horas atrás acariciaba con ternura y con la esperanza de quien con tanto sudor, en jornadas indescriptibles,  abona suelos y plantas esperando frutos por agradecimiento.

Del alma me brotó el llanto, agudo, indetenible-dice-porque se me iba el futuro. Ya con 64 años en mis espaldas, acariciaba esta cosecha y las por venir que me regalarían mis cafetales nuevos, como la suerte para pensar en  una jubilación merecida, por casi toda una vida en estos ajetreos.

Margarita piensa ahora en el mañana de sus cafetales. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Margarita piensa ahora en el mañana de sus cafetales. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Pretendía recolectar unas 160 latas. Pero eso es una triste historia. Y pude respirar, tranquila, por unos minutos. Apreté mis manos, sacudí el cuerpo y me dije: “Margarita, levanta que tú nunca has sido ni floja ni cobarde”.

Y desde ese momento se juró no mirar atrás, porque sabía que esa montaña y su cafetal necesitaban ahora más que nunca de sus suspiros, de su sudor, de sus aromas, de la ternura de esas manos que hacen soles donde ha existido sombra.

Margarita es de esas mujeres que no se rinde ante nada. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Margarita es de esas mujeres que no se rinde ante nada. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Busqué el machete y sin apenas ajustarme la camisa de mangas largas, le fui arriba a las matas y los gajos que los vientos del huracán Irma pusieron de indeseable cobija a mi plantación. Duele, es duro, pero no todo está perdido. Puede que en buen rato no me coma un plátano maduro de las cientos de matas que aquí daban sombra al sembradío y ahora son escombros, pero de que recupero y mando unas cuantas latas de café al centro de beneficio, no le quepan dudas, periodista.

Sus brazos suben y bajan con la rabia que provoca la impotencia, cuando no puedes contra vientos y lluvias de huracán. Y de su cuerpo chorrea un río de sudor, hirviente, interminable. De su verbo brota la esperanza; de su mirada, la luz.

Cosechar todo el café posible ocupa las jornadas a Margarita Cabrera. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Cosechar todo el café posible ocupa las jornadas a Margarita Cabrera. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

De esto se sale porque tengo fuerzas y necesidades-expresa Margarita. El miedo lo hace uno mismo y si por casualidad aparece, se vence a golpe de machete y con la cesta al hombro, sin dejar un grano de café maduro en la plantación.

Y en esos dos ajetreos no tengo contrincantes, te lo dice esta mujer que desde los 14 años está metida en los cafetales, llenando bolsas, haciendo viveros, sembrando, cosechando. ¿Quién me hace un cuento de estos trajines?

Un pañuelo blanco seca el sudor del rostro. No hay huellas de preocupación, ni de lamentos. Un sorbo de agua la energiza y vuelve el ritual del machete, arriba y abajo, despejando el cafetal de todo lo inservible.

Para Margarita, el café es la vida misma. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Para Margarita, el café es la vida misma. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Siempre quise tener lo mío, en estos ajetreos de los cafetales. Le puse toda la fuerza y el empeño que una mujer lleva adentro cuando pretende algo para multiplicar la vida. Mi plantación era una delicia, estaba a punto de caramelo y entonces Irma quiso probarme. Y le dejo por respuesta trabajo sin descanso.

Volveré una y otra vez a cruzar el río, subiré las lomas y acariciaré con mis manos  las matas repletas de granos verdes, amarillos y rojos, aunque las hormigas y las santanicas mortifiquen. Es mi ritual que no parará porque vivir sin el café me es imposible, lo llevo en la sangre. Río Arriba es mi casa, ahora sin techo, pero ya se ve llegar.

Recuperar su cafetal es el motivo de hoy. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

Recuperar su cafetal es el motivo de hoy. Foto: Oscar Alfonso Sosa.

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