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El Conjunto Funerario del Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes fue trasladado junto al de Marina Grajales al área patrimonial central de cementerio Santa Ifigenia en la capital del Oriente cubano.

Por estos días históricos de octubre se reafirma la fe. Acaban de unirse Céspedes y Mariana, a Martí y Fidel. Un repique de campanas libertarias se escucharon, otra vez, desde el magno Santiago, una invitación a continuar tallando el retablo soberano de un país que sueña y se agiganta.

Y es que al conmemorarse el aniversario 149 del inicio de nuestras luchas independentistas, ahora cuatro grandes de la historia cubana coinciden en la primera línea de combate del Camposanto santiaguero.

Santa Ifigenia se tornó luz, semilla, cosecha de rosas blancas. Todos juntos, conforman hoy el Escudo que preside un país frente al Mar de las Antillas.

Otra vez el presidente cubano Raúl Castro presidió la ceremonia, otra vez podía sentirse todo el aroma de los cedros de la Sierra y más allá, en los horizontes, 21 salvas de artillería estremecían la quietud del suelo sagrado. Un albor de mármoles, una rama de laurel, una Mariana hecha Ceiba y el nombre en broce reverdece. Toca el corneta, y  es como si el grito de Viva Cuba libre reventara en el Oriente.

El encuentro de los próceres no es casual. Resalta las mismas esencias de una necrópolis Monumento Nacional, que no pocos prefieren llamarlo campo de héroes o museo a cielo abierto, y que sin lugar a dudas, en él cabe toda la gloria del mundo como si fuese en un grano de maíz.

Un paisaje singular, habitado por palmas reales domina el espacio. Farolas coloniales  propician la solemnidad que provocan sentimientos, un candil eterno les acompaña.

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La escultura a Mariana Grajales, Madre de la Patria, fue inspiración del destacado artista de la plástica santiaguero Alberto Lescay.

Como un libro abierto de historia, tras esa primera línea de ilustres avanzados, siguen para orgullo mayor en las bóvedas de Santa Ifigenia nada menos que 29 generales de la guerra de independencia, así como Perucho Figueredo, el autor del Himno Nacional de Cuba.

Igualmente están figuras extraordinarias como el inolvidable Frank País, los Mártires del Moncada, los caídos en la insurrección y nuestros dignos internacionalistas, a quienes resulta justo añadir, entre una significativa representación de la cultura cubana, a Miguel Matamoros, Ñico Saquito, Compay Segundo y Félix B. Caignet.

Así, para el pueblo cubano, y en especial los santiagueros, la guerrillera piedra y los mausoleos de la primera línea de combate representan la voluntad del pueblo, la razón de seguir este camino largo de Revolución.

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